¿QUIÉN ES EL “ISRAEL DE DIOS”?

 Índice del estudio

 

“Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23: 19)

“...porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén...” (2 Corintios 1: 20)

“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová” (Jeremías 31: 35-37)

¿Quién es el "Israel de Dios"?

“…y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén” (Zac. 12: 6)

Las promesas incondicionales de Dios, no están sujetas a la debilidad ni al criterio humano. Cuando Dios dice algo, se compromete con Su dicho, hasta cumplirlo a la postre y a la perfección, y todo en su tiempo.

La fidelidad de Dios, no depende de la fidelidad o infidelidad del hombre, ni está sujeta a ellas:

“Si fuéremos infieles, Él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2: 11)

Los propósitos de Dios siempre se cumplirán y nada ni nadie podrá detenerlos.

Todo ello lo digo, porque todavía queda en el seno eclesial un más que retazo, y más grande de lo deseable, de ceguera y menosprecio hacia Israel, que va adquiriendo grosor cada vez más, conforme el nivel de cumplimiento profético va también aumentando al ir avanzando los días sobre este planeta.

En un tiempo cuando la profecía bíblica es más importante que nunca antes, vemos que la Iglesia tiene menos conocimiento de ella, y especialmente en lo relacionado con Israel.

Tal es el punto, que hay creyentes, sinceros en su fe, que de todas ya han excluido a Israel para siempre de los propósitos de Dios. Siguen, lo sepan o no, el enunciado y filosofía de la llamada “teología del Reemplazo”, aquella que asegura que todas las promesas y bendiciones que Dios dio un día a Israel, ahora le pertenecen en exclusividad a la Iglesia, llevando Israel todas las maldiciones. Eso es un error.

Pero esa exclusión de Israel en sus mentes y corazones, no es algo nuevo.

Una parte del odio que Satanás siente por Israel (así como por la Iglesia), se puede palpar en la intransigencia de cierto sector eclesial a lo largo del periplo de la iglesia a partir del siglo III. El ministerio apologético Let Us Reason, en su artículo “Replacing what God has not!, escribe así:

“Israel ha venido a ser el foco de atención para el mundo y desafortunadamente para la Iglesia – gran parte de la Iglesia hoy no cree en la relevancia de Israel como nación. Es Satanás el que ha instigado odio hacia los judíos a través de los siglos, y al final estará furioso y hará todo lo que pueda para aniquilarlos (mucho peor de lo que Hitler tenía en mente y realizó)”

No obstante, la Iglesia primitiva creía que Dios tenía un plan futuro para Israel (Hchs. 3: 19) – porque eso es lo que la Biblia enseña -  que iba a incluir la restauración de Israel como nación en su tierra original (Zac. 9: 16), después de haber sufrido una diáspora general y terrible, la cual fue profetizada también, así como su plena restauración, porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Jer. 30: 11; Is. 66: 22; Ro. 11: 12, 29; etc.)

Israel

“Israel ocupó su tierra, y ocupa su tierra: Israel”

1. ¿Deuteronomio 28 declara el fin de Israel como nación?

Los que aseguran que Dios terminó con Israel, se basan principalmente en las consecuencias de la desobediencia expuestas en Deuteronomio 28, en cuanto a que Israel ha llevado sobre sí todas las maldiciones que allí se declaran por su infidelidad, hasta su desaparición total.

Pero vayamos por partes. Deuteronomio 28 es una declaración del pacto condicional mosaico, en el cual per se, no había remisión si no se cumplía. No obstante, el Hijo de Dios vino al mundo, naciendo como judío y de madre judía, y dando su vida, primero por los judíos, y luego por los gentiles, dando a conocer un Nuevo Pacto en su sangre (Ro. 2: 10); el pacto incondicional de la gracia. Ese pacto es superior al anterior, y lo abroga. Veámoslo:

“Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios” (Hebreos 7: 17-20)

Hoy en día, algunos – entre ellos, falsos mesiánicos o judaizantes -  aseguran que la ley sigue vigente por lo que el mismo Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas…” (Mt. 5: 17). Lamentablemente, no siguen leyendo el resto del versículo: “…no he venido para abrogar, sino para cumplir. Cristo cumplió Él y sólo Él con la exigencia de la ley, y lo hizo en la cruz: “porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Ro. 10: 4).

Es decir que la maldición por no poder cumplir la ley quedó revocada por Cristo, al hacerse Él mismo maldición por nosotros: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3: 13)

La Ley

“Nadie, ni judíos ni gentiles, pudieron ni podemos cumplir con la Ley de Moisés, excepto el Justo, Jesús de Nazaret”

Todos sabemos que el beneficio del acto de la cruz, redundó no sólo en todos los hombres, sino también en los judíos; de hecho, ¡primeramente en ellos! (Ro. 2: 10; Hchs. 2: 36ss)

En este nuevo pacto están incluidas todas las personas, tanto de origen judío como gentil. Por lo tanto, aquella maldición mosaica, iba a ser anulada sobre Israel por el nuevo pacto en la sangre del Mesías. Por eso Dios siguió teniendo en cuenta a Israel al nacer Jesús en Belén de Judea, y ministrar en la tierra de las tribus de Israel (Mt. 4: 12-16), enseñando a que se arrepintieran, “porque el reino de los cielos se había acercado” (Mt. 4: 17). Si Israel hubiera sido definitivamente cortado, ¿se habría acercado el Reino a Israel, predicado por el mismísimo Hijo de Dios?

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5: 2)

Cuando el profeta Miqueas, unos 700 años a. C. profetizó lo de arriba, ¿se equivocó al decir que de Belén iba a nacer el que sería el Señor en Israel?

Si Israel en aquel entonces, ya no hubiera estado en la consideración de Dios, probablemente Jesús habría nacido… ¿dónde?, ¿en la China, en la India, en el Japón? Desde luego, sin vinculación alguna con Israel; pero no fue así, porque fueron ¡y siguen siendo elegidos!, y “son amados por causa de los padres”, y fueron, y siguen siendo “la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos, Amén” (Ro. 11: 28; 9: 4, 5)

Cuando el Señor estaba frente al centurión romano, y escuchó su respuesta (ver Mt. 8: 8, 9), se quedó gratamente asombrado y exclamó: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe(V. 10). Implícitamente Jesús estaba diciendo que en Israel había fe. Si Israel hubiera sido cortado para siempre, esa fe jamás se hubiera hallado allí.

Reiteramos. ¡Si la maldición de Deuteronomio 28 hubiera sido punto y final, jamás las escrituras citadas arriba, se habrían producido!

Hasta aquí he demostrado fehacientemente que la maldición mosaica, dejó de afectar a Israel en términos de exclusión eterna, aunque como también está escrito, Dios no les iba a dejar sin castigo, porque todo lo dicho en ese pasaje en cuanto a castigo, se cumplió, y se seguirá cumpliendo hasta que Dios derrame sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración, y “miren a Mí (al Señor Jesús), a quien traspasaron”… (Zac. 12: 10). Esto será al final de la Gran Tribulación.

La Cruz

“Sólo Cristo pudo hacerse maldición por nosotros en la cruz, para que nosotros no lleváramos la maldición nuestra, por toda la eternidad (Gl. 3: 13)”

El castigo, inevitable

Reitero. Dios no iba a destruir Israel. Sólo lo iba a castigar:

(Jeremías 30: 11)  “Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo

Una cosa es el castigo, otra cosa es la separación eterna. Dios no ha terminado con Israel.

El profeta Oseas, 750 años antes de Cristo, declaró que a pesar de que Dios se apartó de Israel, eso no iba a ser para siempre:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Oseas 6: 1-3)

Esto último ocurrirá al final de la Gran Tribulación, cuando el Espíritu Santo sea derramado con doble porción sobre Israel. Nunca antes ha habido un derramamiento doble (lluvia temprana y tardía a la vez) (Joel 2: 23), entiéndase del Espíritu, no de lluvia natural. Ni siquiera el derramamiento de Hchs. 2, el cual fue sólo cumplimiento parcial de la profecía de Joel (Jl. 2: 28, 29) – ver más de esto último en: http://www.centrorey.org/temas6.html

Por otra parte, pensemos que así como los judíos estaban en maldición por no poder cumplir la ley, todos los hombres lo estaban también, por cuanto “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él”, y que, “no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles” (Ro. 3: 10-12; 20)

No se puede vivir bajo el Antiguo Testamento y bajo el Nuevo Testamento a la vez. No olvidemos que el Nuevo Testamento interpreta el Antiguo, y éste está subordinado a aquél, ya que tenemos a Cristo como “mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (He. 8: 6)

Castigos

“Pocos pueblos – si alguno – ha sido tan castigado como el judío. Sólo por la nefanda Inquisición, el judío sufrió lo incalificable”

El cántico de Moisés

Cuando Moisés estaba a punto de morir como Dios le había dicho, reunió a todo Israel, y a través de un cántico habló a toda la congregación (Deut. 32). En ese cántico, Dios habló por Moisés a toda la nación de Israel, profetizando acerca de su devenir. Después de señalar el pecado de Israel (Deut. 32: 15ss), y de declarar el castigo correspondiente (v. 21ss) que iba a ser prolongado (como así ha sido a lo largo de la historia de esa nación), el cántico da aviso de la misericordia de Dios hacia Su pueblo, y de la proclamación profética de Cristo como verdadero Mesías suyo:

“Ved ahora que Yo, Yo soy, y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y Yo hago vivir; Yo hiero y Yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano” (Deut. 32 39)

Esto último todavía se ha de cumplir a cabalidad sobre Israel.

Seguidamente, Dios anuncia su juicio sobre todos los opresores de Israel (Deut. 32: 40ss.), y da orden a las naciones a que lancen gritos de júbilo por Su pueblo:

“Alabad, naciones, a su pueblo…” (v. 43)

También esto último se ha de cumplir (en el Milenio).

Con todo, las últimas palabras de Moisés antes de morir a Israel recogidas en la Biblia, fueron:

“Bienaventurado tú, oh Israel ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu socorro y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados, y tú hollarás sobre sus alturas” (Deut. 33: 29)

Si Israel iba a ser barrida de sobre la tierra para siempre, jamás la Palabra iba a contradecirse diciendo esto último.

Una vez más, llegamos a la conclusión sin equanum, de que, efectivamente Dios va a restaurar a la nación de Israel hasta hacerla entrar en el Milenio.

¿La Iglesia es el “Israel de Dios”?

Los reemplacistas aseguran que ahora la Iglesia es el nuevo Israel, también la llaman el “Israel espiritual” o el “Israel de Dios”, por lo que vemos en la despedida de Pablo en su carta a los gálatas (Gl. 6: 15, 16):

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios

Pablo se despide en su carta a los Gálatas de esta manera. A priori pareciera un poco misteriosa, por un lado habla de unos, y luego de otros, pero si entendemos el contexto de esa epístola, no nos será ningún problema comprender el asunto.

La carta a los Gálatas tiene el propósito de advertir a los creyentes de origen gentil de Galacia que no caigan en la trampa de creer que la salvación se obtiene, no sólo por Cristo, sino también por cumplir la ley.

Los que engañaban a las iglesias de Galacia eran los judaizantes, es decir, judíos “creyentes” en Cristo pero que añadían la ley de Moisés (Gl. 1: 8, 9), obligando a los verdaderos creyentes gentiles a cumplirla. Por eso Pablo, al despedirse de los gálatas lo hace haciendo mención de lo siguiente, que resumimos así:

  1. Los que andan conforme a la regla de Cristo son los gentiles salvos, los cuales son una nueva creación.
  2. El “Israel de Dios”, son los judíos que habiendo abandonado la ley, sólo se refugiaban en Cristo, caso de Pablo, por ejemplo.

Escribe Let Us Reason al respecto:

“El “Israel de Dios” claramente son aquellos judíos creyentes que, en contraste con los judaizantes, seguían la regla de salvación por la fe solamente. Pablo está aquí hablando solamente de una división entre el Israel étnico. Algunos son auténticos creyentes, y por tanto son el verdadero Israel, mientras que otros, aunque étnicamente son israelitas, no son el verdadero Israel, ya que no son elegidos ni creyentes”

Así es.

El confundir el “Israel de Dios” con la Iglesia, es un error. La Iglesia – en ese sentido -no es el Israel de Dios. Decimos pues, el Israel de Dios según lo explica Pablo es el conjunto de verdaderos creyentes de origen judío, los cuales también son parte de la Iglesia, por cierto… y a partir de que la Iglesia sea sacada de este planeta, el “Israel de Dios” que llegue a serlo (Ro. 11: 26), es el que entrará en el Milenio.

Israel de Dios

“El verdadero “Israel de Dios” mencionado por el apóstol Pablo, es la suma de todos los judíos convertidos a Cristo, como lo fue él mismo, a diferencia de los gentiles convertidos a Cristo, y a diferencia de los judíos según la carne exclusivamente”

2. Promesas y bendiciones…

Los que siguen la falsa teología reemplacista, creen que todas las promesas y bendiciones que fueron dadas a Israel fueron transferidas a la Iglesia, y que la Iglesia es ahora el verdadero Israel.

No obstante tienen un problema en redefinir algunas de las promesas, ya que estas tienen un carácter exclusivamente concreto y nacional, y que ni en el texto ni en el contexto se pueden aplicar a la Iglesia, que no es una organización ni una nación, sino un organismo; una asamblea.

Por ejemplo, cuando la Biblia dice en 2 Samuel 7: 16: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”.

La Palabra aquí nos habla de un reino…pero la Iglesia no es un reino, y tampoco tiene un rey (humano), porque si así fuera (Dios no lo quiere) quizás deberíamos volvernos todos al papa de Roma, ya que él se considera rey de la iglesia…

Esta es una promesa que de ninguna manera se puede aplicar a la Iglesia, sino a Israel como tal.

Esa promesa dada a Israel no se truncó, sólo se detuvo, cuando se produjo la deportación a Babilonia, la prueba la tenemos en Isaías 9: 6, 7, donde la Palabra enseña que sobre el trono de David se sentará el Mesías, añadiendo que el celo de Jehová hará esto. El verdadero rey de Israel es su Mesías, y cuando el Israel nacional salvo, entre en el Milenio, el Hijo de Dios a quien, no sólo los judíos, sino todos los salvos de todas las naciones le debemos la salvación, reinará por siempre:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.  Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.  El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9: 6, 7)

Otra promesa de difícil cumplimiento para la Iglesia, si esta decide apropiársela arrebatándosela a Israel es la siguiente. Jesús prometió a sus doce apóstoles, que juzgarían, es decir, gobernarían como lo hicieron los jueces del periodo de Jueces, sobre las doce tribus de Israel, y lo harían en la regeneración, es decir, en el Milenio, llamado también el Reino prometido a Israel, o Reino Mesiánico. Veámoslo:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19: 27, 28)

También leemos lo mismo en Lucas:

“Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22: 28-30)

Si reemplazamos la palabra Israel y la sustituimos por la palabra Iglesia (que es como los reemplacistas creen que se debe hacer), entonces esto quedaría de la siguiente manera:

“De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de [la Iglesia]

Difícilmente podemos imaginar a los doce gobernando o juzgando a las “doce tribus de la Iglesia”… ¿es que acaso la Iglesia está compuesta por doce tribus? Obviamente, no; sólo Israel.

Otra promesa (y hay muchas más), es la que hizo Jesús cuando aseguró que Él no había sido enviado sino a las ovejas perdidas de la Israel (Mt. 15: 24). ¿Deberíamos entender entonces que Jesús fue enviado a rescatar a las ovejas perdidas de [la Iglesia]?... No tiene sentido esto.

Jesús vino como judío a los judíos, y sólo les predicó a ellos, aunque proféticamente hizo mención de otras ovejas que no eran del mismo redil:

“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10: 16)

Se estaba refiriendo a todos los gentiles que llegarían a ser salvos por Él.

Cuando la mujer griega (no judía) vino rogándole que echara fuera un demonio que atormentaba a su hija, la respuesta de Jesús fue la de arriba: Él no había sido enviado a los gentiles, sino a los judíos que esperaban en Él (Mt. 15: 24), y estableció un orden:

“Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlos a los perrillos” (Mr. 7: 27)

Evidentemente, a la sazón, los hijos que se debían saciar del don de Cristo, eran los judíos, y luego ya habría tiempo para los gentiles. Sólo cuando vio que la fe de esa mujer era grande, Jesús actuó en consecuencia (ver Mt. 15: 28)

Si Dios hubiera rechazado a los judíos, a los cuales siempre dentro del texto y contexto hay que considerarlos como ciudadanos de una nación levantada por Dios: Israel, entonces, ¡no tendríamos los evangelios en nuestras manos; jamás hubieran existido, así como extensas porciones de la revelación neotestamentaria!… ¡Hermanos, prácticamente no tendríamos Biblia! Si excluimos a Israel, nos quedamos sin casi nada, y no puede ser eso sustituido por el concepto Iglesia en modo alguno. Jamás olvidemos que la Iglesia es la asamblea constituida por gentes de toda procedencia, tribu, nación, lengua etc. rescatadas por Cristo, cuya ciudadanía pasa de ser terrenal para ser celestial, sin conexión nacionalista.

La Biblia

“El primer destinatario de los evangelios, fue el “Israel de Dios”, es decir, los judíos convertidos a su Mesías, Cristo Jesús. Si Él no hubiera venido a por los suyos (los judíos), prácticamente no habríamos tenido revelación neotestamentaria… ¡No olvidemos que Pablo era judío también!”

3. ¿Por no recibir a Jesús, la nación de Israel fue aborrecida por Dios para siempre?

Los que siguen la teología reemplacista, como su propio nombre indica, creen que Israel como pueblo y nación nada tienen que ver ya en los planes de Dios; creen que Israel fue desechado por haber rechazado al Mesías. ¿Fue así? Veamos que dice la Palabra:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23: 37-39)

Aquí es donde Jesús, dos días antes de ir a la cruz, se ve rechazado por los judíos (y consecuentemente, por la nación de Israel, ya que a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron - Jn 1: 11), procediendo a declarar proféticamente lo siguiente:

Primeramente, el amor suyo por su pueblo Israel, cuando desde la gloria, y luego como hombre en tierra, quiso juntar a sus hijos bajo su abrazo, habiendo enviado a profetas (judíos por cierto) a lo largo del periplo como nación, con el consiguiente rechazo.

Otra vez, Él permaneció fiel, ante la infidelidad de su pueblo…y me pregunto aunque sea de paso: ¿¡Acaso Su Iglesia siempre le es y le ha sido fiel!?... ¡Mano al pecho!

Segundo. El anuncio de que la casa de Israel iba a ser dejada desierta, pero hasta un cierto momento.

Tercero. Ese momento va a ser cuando digan como nación: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor” : ¡¡BARUJ ABA BESHEM ADONAI!!"

En otras palabras, proféticamente la Palabra nos enseña por boca del mismo Señor Jesús, que llegará un día cuando todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad, y este será mi pacto con ellos, cuando Yo quite sus pecados” (Romanos 11: 25)

Necesariamente se está refiriendo la Escritura aquí al Israel nacional, porque, ¿Qué sentido tendría aplicarlo a la Iglesia? ¿No es la Iglesia el conjunto de gente salva, tanto de procedencia judía como gentil? ¿Cómo va a ser salva la Iglesia, si ya lo ha sido?

Definitivamente el Señor Jesucristo se estaba dirigiendo a los judíos al decir lo que dijo sobre Jerusalén, ésta, como capital eterna de Israel.

Nótese que la Palabra es muy específica, y el propio apóstol Pablo nos la revela:

“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera…no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad” (Romanos 11: 1, 25, 26)

No se puede presentar con mayor claridad el asunto. Dios no ha desechado a Su pueblo. Ahora bien, si sólo la Iglesia es el pueblo de Dios como apuntan los reemplacistas, ¿Qué sentido tendría decir eso?

Específicamente Pablo nos está hablando aquí, no de la Iglesia sino de Israel, y añade diciendo que tengamos cuidado en no caer en arrogancia (¿por qué lo diría?...), por comprender que Israel fue endurecido en parte (en parte, porque algunos fueron salvos), y esto nos transporta de nuevo a las palabras de Jesús:

“Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que…” (Mt. 23: 39)

Coinciden aquí dos hechos que van por separado. El primero es que ha de entrar “la plenitud de los gentiles”. El segundo es que Israel llegue a reconocer a Jesús como Su Mesías.

Lo desmenuzamos. Cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, y esto hay que entenderlo como que todos los que han de ser salvos entre las naciones, lo sean, y eso sólo lo determina el Señor (ver 2 Ti. 2: 19), entendiendo también que no es de todos la fe (2 Ts. 3: 2b), entonces, y sólo entonces, Dios se volcará con el Israel nacional, produciendo una salvación sin precedentes allí, en el nombre de Yeshua Ha Mashiach (Jesucristo)

Esto no significa que todos los que son descendientes de Abraham según la carne serán salvos, sino que, y en el contexto que estamos viendo, todos los que son descendientes de Abraham, y por tanto judíos, pero que sean también “hijos según la promesa” (Ro. 9: 7, 8). 

Dios ya tiene en su mano, y desde antes de la fundación del mundo, a todos aquellos que quiere salvar, porque “conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti. 2: 19). Esto último no sólo será con Israel, sino también lo ha sido y es con todos los hombres y mujeres de procedencia gentil.

Cuando la extrema dureza de corazón que sufre Israel hacia Jesús, sea quitada por el doble derramamiento del Espíritu Santo (Joel 2: 28-32), entonces se manifestará una salvación sin precedentes, que llegará a ser a nivel nacional, de ahí que Israel será una de las pocas naciones que entrará como tal en el Milenio, y será cabeza de naciones, por Su voluntad.

Esto es, no porque Israel lo merezca o lo haya merecido (así como nosotros los salvos de origen gentil tampoco, ver Ro. 11:11-24), sino porque “son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11: 28, 29)

Se cumplirán entonces, en el Milenio, todas las promesas que quedan por cumplirse hacia Israel de parte de Dios. Nótese que el Milenio va más dirigido hacia Israel, que hacia la Iglesia, ya que la Iglesia, que surge de ambos pueblos hechos uno, una vez derribada la pared de separación (Ef. 2: 14) tiene una ciudadanía que no es terrenal, sino celestial, por eso nosotros esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, para que nos lleve al Cielo, a la Nueva Jerusalén, la Celestial, ya que somos, no sólo Su pueblo, sino ¡su Desposada! (Fil. 3: 20, 21; Ap. 19: 8)

Jerusalén en 1898

“Interesante foto de Jerusalén en 1898”

El Israel nacional santificado por la sangre del Mesías todavía tiene que producirse, cuando clamen y exclamen: ¡¡BARUJ ABA BESHEM ADONAI!!", y esto se producirá en medio de mucho llanto y desolación, cuando el Anticristo haya intentado engañarles haciéndose pasar por el Mesías y una vez descubierto se ensañe con ellos.

Cuando esto esté pasando, entonces, dice el Señor: “Derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a Mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12: 10)

Entonces entenderán, y en medio del sufrimiento y el dolor extremos serán librados, y recibirán a Su Mesías, que es el nuestro, para ser salvos y entrar en el Reino prometido a Israel.

La pregunta de los discípulos

Cuando los discípulos le preguntan al Señor antes de ser ascendido a los cielos, si iba a restaurar el reino a Israel en ese tiempo, el Señor no les niega la cuestión, sólo les da a conocer la prioridad de actuación. La prioridad en ese tiempo era (y sigue siendo): “ser testigos de Cristo” (Hchs. 1: 8).

Nótese que los discípulos (todos judíos) preguntaron sobre la restauración del reino a Israel, no el reino a la Iglesia.

La Iglesia no reina aquí y ahora, la Iglesia es testigo de Cristo. La Iglesia, como Abraham fue, es extranjera y peregrina en esta tierra y espera “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (He. 11: 10) La Iglesia debe poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col. 3: 2)

No obstante de forma enfática, Jesús les aseguró a aquellos discípulos, que los tiempos y las sazones en cuanto al reino prometido a Israel eran cosa del Padre, el cual iba a poner a los enemigos de Cristo por estrado de sus pies (S. 110: 1), como ya está haciendo, y hará hasta finalizada la Tribulación, siendo el Anticristo y el Falso Profeta echados al lago de fuego (Ap. 19: 20). El reino prometido a Israel será una realidad en el Milenio.

Corazón

El corazón endurecido de Israel va tocando a su fin, porque la plenitud de los gentiles ya está entrando Ro. 11: 25”

4. Concluyendo

Leemos así en el artículo “Replacing what God has Not?” (“¿Reemplazando lo que Dios no ha hecho?”):

“Las promesas que le fueron hechas a Abraham y a su simiente, nos muestran que las bendiciones no han recibido todavía un cumplimiento completo, el cual se producirá en el Reino Milenial” (Let Us Reason)

Esto es verdad. El problema de los reemplacistas y dominionistas, es que desplazan de sus ojos la realidad milenial, no teniendo en cuenta, por tanto, que en el Milenio se cumplirán la inmensa cantidad de promesas que quedan todavía por cumplirse, todas respecto a Israel:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días” (Zacarías 8: 4)

“Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11: 6-9)

La visión reemplacista es muy común en grupos neopentecostales (no pentecostales), como los reconstruccionistas, dominionistas (Reino Ahora); todos ellos no premilenaristas, sino posmilenaristas (los que creen que el Reino es ahora, antes que vuelva el Rey).

Pero la Biblia es muy clara – leída en su texto y contexto – en cuanto a que nos proporciona un entendimiento de los tiempos desde el Génesis hasta el Apocalipsis, si se quiere ser honesto en su interpretación. Desde aquí quiero sugerir a los queridos lectores que quieran aprender más sobre escatología, lean los siguientes artículos de nuestra página web:

http://www.centrorey.org/temas34.html
http://www.centrorey.org/temas50.html
http://www.centrorey.org/temas6.html
http://www.centrorey.org/temas7.html
http://www.centrorey.org/temas16.html

Una vez la Iglesia sea sacada de este planeta, todo lo dicho ocurrirá de forma sistemática y rápida. Cristo está a las puertas, y Dios cumplirá a cabalidad todas sus promesas, y a quienes las hizo. ¡No lo duden!

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Enero 2009
www.centrorey.org

FIN