EL OFICIO DE LOS DOCE APÓSTOLES DE CRISTO, Y LA IMPOSIBILIDAD DE UNA “SUCESIÓN APOSTÓLICA ROMANA”

EL OFICIO DE LOS DOCE APÓSTOLES DE CRISTO, Y LA IMPOSIBILIDAD DE UNA “SUCESIÓN APOSTÓLICA ROMANA”

Según Roma, el actual papa y los 264 anteriores han sido sucesores de Pedro. Es como si Pedro hubiera ido sucediéndose en cada uno.

A pesar de lo absurdo del asunto, tal improperio constituye el frente de la aparatosidad de la institución católico romana, y su razón de existir, y por ello, vamos a desmontarlo.

Cuando el apóstol Pedro murió, por ese tiempo, el apóstol Juan todavía vivía, y viviría bastantes años más. Si tuviéramos que hacer caso a Roma, por propia cuestión sucesoria, es Juan quien tenía que haber sido el siguiente “papa”, y no Lino, como aseguran los romanistas. Por lo tanto ya por ahí, no concuerdan sus cuestiones.

Pero vayamos a la cuestión de fondo.

I.CRISTO TUVO SUS DOCE

El oficio de apóstol de Cristo ya cesó. Era un título exclusivo de los doce, y esto no permite la posibilidad de una sucesión apostólica (Hch. 1:26; 1 Co. 15: 5; Ap. 21: 14), porque ellos recibieron la encomienda del Señor acerca de tres cosas básicamente, que sólo ellos podían satisfacer. A saber:

1.Ser testigos de la vida del Señor

Los doce fueron escogidos para ser testigos de la vida y obra del Señor.

Por haber sido testigos de la vida de Cristo, debían dar testimonio de lo que vieron y oyeron. Cuando iban a elegir a otro apóstol, al dejar vacante su puesto Judas Iscariote a causa de su infamia, se dijeron: "Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hchs. 1: 21, 22) Esa fue la primera de las encomiendas. Matías no fue sucesor de Judas, sino que simplemente le reemplazó.

2. Ser depositarios de la doctrina

El segundo motivo para ser apóstoles de Cristo, obedecía al hecho de haber sido constituidos depositarios de la doctrina llamada doctrina apostólica (Ef. 2:20). Todo lo que Jesús les enseñó personalmente (Mt. 11:1; 20:17 etc), y lo que luego recibieron por revelación del Espíritu Santo, debían darlo a conocer a todos los discípulos de Cristo a través de la Palabra escrita. Y de estos últimos habla la Escritura, en referencia a lo dicho: "Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 2: 19-22). Otras escrituras corroboran esto: 2 Pedro 3: 2; Efesios 3: 5; Judas 17; Hechos 4: 33, etc.

Pablo de Tarso fue más tarde constituido apóstol de Cristo también, especialmente por la segunda razón, aunque más bien, Pablo fue apóstol a los gentiles, es decir, enviado a los gentiles, como él mismo lo dice (ver Ro. 11: 13)

3.Ser futuros jueces a las doce tribus de Israel

La tercera encomienda fue, o más bien será, la de levantarse a juzgar a las doce tribus de Israel en el tiempo del Reino Mesiánico (Mt. 19: 28) que está por llegar cuando vuelva glorioso el Señor a esta tierra (Ap. 19: 11-21)

Obviamente, el lugar es sólo para esos doce; no podemos imaginar a los 265 “papas romanos” sentados en 265 tronos presidiendo sobre las ¿265 tribus de Israel?, es de risa.

Ese oficio se terminó

Cuando murieron los apóstoles mencionados, se terminó para siempre el título y oficio de apóstol. La razón es obvia. Sólo ellos fueron testigos presenciales de Cristo desde los inicios de su ministerio, hasta su muerte, resurrección y posterior ascensión a los cielos.

Sólo a ellos se les adjudicó la tarea de ser receptores y primeros divulgadores de la Palabra, contenida en el apartado de la Biblia que llamamos Nuevo Testamento. Una vez Juan escribió su Apocalipsis, allí se cerró el canon bíblico, y acabó su ministerio irrepetible.

OBVIAMENTE, ES IMPOSIBLE EXTRAPOLAR EL OFICIO APOSTÓLICO CRÍSTICO A OTROS HOMBRES. Menos aún a los “papas romanos”.

II. ¿CÓMO SE ORIGINÓ LA FARSA DE LA “SUCESIÓN PAPAL”?

La “escritura notarial clásica” de la iglesia estatal católica romana es debida a DÁMASO I (366-384).  Como vemos, fue a partir de Constantino.

En el año 380 selló la alianza con un decreto que exigía a todos los súbditos del imperio que aceptaran “La religión de Pedro”, de la cual, decía él, eran depositarios el obispo romano Dámaso de Roma y Pedro de Alejandría, obispo de aquella ciudad (todavía no prevalecía Roma como luego ocurrió).

Este decreto, y atención a esto, ha sido calificado como “la Escritura Notarial Clásica de la Iglesia Estatal Católica”. Con ello, Dámaso, crea el concepto de “Sede Apostólica” o “Santa Sede”, y en esa línea ya se va perfilando la afirmación de la identidad del papa con Pedro, antes, no. Un nuevo invento para constituir lo que conocemos bien: Roma.

Dámaso fue el primero quien, en el año 382, usó la frase “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”, para reclamar la autoridad espiritual suprema.

Con esos medios se empezó a gestar la iglesia romana papal, que antes no existía.

La "sucesión papal" basada en falsificaciones:

León I (440-461)), también veía en el obispo de Roma al sucesor de Pedro, basándose en una epístola del papa Clemente a Santiago, el hermano del Señor, en Jerusalén. Según esta, en su último testamento Pedro hacía de Clemente su sucesor legítimo. PERO LA EPÍSTOLA ERA UNA FALSIFICACIÓN DE FINALES DEL SIGLO II, y sólo se tradujo al latín entre finales del siglo IV y principios del V.

Así pues, las pretensiones de un orden sucesorio, presuntamente dispuestas por el apóstol Pedro, eran falsas por principio.

Aún y así, Roma prosiguió adelante en su afán de levantar el papado. De hecho ese hombre, León I, se auto adjudicó el título pagano de Sumo Pontífice, pontifex maximus, que el mismo emperador de Bizancio había desechado en su día.

¡Un discípulo de Cristo con el mismo título blasfemo de los césares romanos!

 “Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros…” (Marcos 10:42,43)

Bonifacio III, reclamó el título de Obispo Universal, el primer “papa” romano al que se le adjudicó por mano de un emperador, el título de “Sumo Pontífice” (Pontifex Maximus), título dado anteriormente a los césares romanos.

En el año 603 fue enviado por Gregorio I como apocrisiario (nuncio papal) ante Phocas, el emperador del imperio romano en Constantinopla. En esta misión actuó con gran tacto,  logrando el favor del emperador. Fue elegido papa casi un año después de la muerte de Sabiniano. Coronado el 19 de febrero del año 607.

Poco después de su coronación consiguió que el emperador Phocas, hombre abyecto por cierto, emitiera un decreto por el cual ordenaba que el obispo de Roma fuera reconocido como la cabeza de todas las iglesias y a la vez condenaba a Ciriaco, obispo de Constantinopla. En el mismo decreto declaraba que el título “Obispo universal” le correspondía solamente al obispo de Roma.  Todo ello ocurrió en la Edad Media.

A partir de entonces, todo el resto de improperios espirituales se fueron sucediendo, “LA FÓRMULA HORMIDAS”, “LA CARTA DE SAN PEDRO”, “LAS FALSIFICACIONES SIMAQUIANAS”; “LAS DONACIONES DE CONSTANTINO”, “LAS DECRETALES PSEUDOISIDORIANAS”, y muchas más estratagemas que ocurrieron, y otras muchísimas que estarían por venir. Todas buscando lo mismo, el levantar un poder que es sobre todo poder terrenal, y en el nombre de Cristo, aunque totalmente ausente de Cristo.

Roma es un absurdo condenado.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Septiembre 2014
www.centrorey.org

Fin