HISTORIA DE LOS PAPAS DE ROMA: LA SIMIENTE DEL FALSO PROFETA

 (XI)

 Índice del Tema

Los Caraffa / In Coena Domini / La matanza de San Bartolomé / La “infalible” traducción de la “biblia de Sixto”

La Matanza del día de San Bartolomé

(La Matanza del día de San Bartolomé)

Le siguió a Julio III, MARCELO II (1555). Fue elegido en dura rivalidad frente a un hijo de Lucrecia Borgia; sólo duró en el solio tres semanas... ¿por qué sería? De nuevo los cardenales estaban divididos en dos bandos, los imperiales, partidarios de Carlos I, y los franceses, partidarios del rey de Francia. Por ello, las acusaciones de unos contra otros y las palabras violentas no cesaron hasta que fue nombrado el siguiente papa.

El cardenal español Francisco Mendoza, le aseguró al cardenal Caraffa antes de entrar en el cónclave, que, a pesar de que algunos cardenales pensaban en él como futuro papa, jamás llegaría a serlo por la razón de que el emperador Carlos I no lo quería; pero, contra todo pronóstico, resultó ser que el cardenal Giovanni Jietro Caraffa sí fue elegido nuevo papa, con el nombre de  PAULO IV (1555-1559), un auténtico monstruo.

El colérico y destructivo Paulo IV

Este fue otro de los papas que negó la infabilidad papal de viva voz, y al menos en eso tuvo razón, porque su vida no fue un dechado de infabilidad precisamente. La misma enciclopedia católica dice de ese papa que fue un “fanático e intransigente”, y añade:

“Por cálculos políticos, y para ayudar a su criminal sobrino Carlos Caraffa, traicionó al emperador y se unió a Francia en la guerra contra España. Los ánimos resentidos de Europa no ocultaron su alivio al conocer la noticia de su muerte”.

Esto es lo que la enciclopedia católica ha de decir de tal personaje. Paulo o Pablo IV, fue un enemigo acérrimo de los españoles, a los que calificaba de herejes, cismáticos y malditos de Dios; semilla de judíos y morunos, y añadía: hez del mundo.

Paulo IV fue un papa racista y xenófobo. Fue quien obligó a todos los judíos a llevar ridículos sombreros de color amarillo para poder identificarlos. El apologista Dave Hunt dice de él:

“Ningún papa odió a los judíos más que Paulo IV, cuyas crueldades desafían los límites de la razón humana” (Una Mujer cabalga la Bestia, pág. 23).

Pedro de Rosa, historiador católico-romano declara que: “toda una sucesión de papas reforzó los antiguos prejuicios contra los judíos, tratándolos como leprosos indignos de la protección de la ley. Pío VII (1800-1823) fue seguido por León XII, Pío VIII, Gregorio XVI, Pío IX- todos buenos alumnos de Paulo IV”.

El propio historiador católico romano José Gelmi, dice de él:

“Sobre el carácter de Paulo IV escribió el embajador veneciano Navaggero: “Este papa es de un temperamento violento y fogoso...es impetuoso en el manejo de los asuntos y no tolera que nadie le contradiga”. - Añade Gelmi - ...su pontificado defraudó por su extraordinaria severidad y por el vergonzoso nepotismo al que el papa sucumbió. Enemigo inflexible, por tradición familiar, del predominio español en Italia, Paulo IV se dejó arrastrar por su sobrino moralmente indigno, el cardenal Carlo Caraffa, a una guerra contra España, que acabó en 1557 con la derrota total de los soldados pontificios”.

“PAULO IV. Se le conocía por su fama de “Gran Inquisidor y profesional de la tortura”

“PAULO IV. Se le conocía por su fama de “Gran Inquisidor y profesional de la tortura”. Llegó a tener tanta afición por este tipo de castigo que pagaba de su propio dinero por nuevos instrumentos de tortura y se decía que las víctimas de sus castigos eran los judíos, las mujeres y los protestantes”

Su conducta nepotista, no sólo fue con su sobrino, el cardenal Caraffa, sino también con cinco de sus sobrinos. Tres de ellos fueron cardenales y dos altos cargos de la curia; todos ellos fueron intrigantes políticos que cometieron grandes abusos. Las conjuras contra el papa estaban a la orden del día.

El pueblo estaba muy descontento por la rígida forma de gobierno del papa, y los cardenales estaban también muy molestos. Estos urdían una y otra vez confabulaciones contra el pontífice; misteriosamente eran descubiertas a tiempo. Decenas de importantes personalidades, cardenales incluidos, eran llevados a las mazmorras del castillo de Sant’Angelo.

Despechado por el fracaso que tuvo con su sobrino Carlo y sus demás sobrinos por su fracaso en la política exterior, y porque se tuvo que detener una vez más la marcha del Concilio de Trento, arremetió encolerizado contra los herejes.

El 15 de febrero de 1559 renovó las antiguas sanciones canónicas contra los herejes por lo cual, dio un impulso terrible a la Inquisición. Como método para frenar el avance del Protestantismo, hizo conocer su “Indice de libros prohibidos”, que publicó ese mismo año.

En él no solamente arremetía contra los escritos de los Reformadores, sino contra la mayor parte de las ediciones de la Biblia, y los escritos de los santos padres post-apostólicos. En su tribunal preferido, la Inquisición, se cometían atrocidades que la mente humana en su sano juicio no puede llegar a comprender.

A su muerte, el pueblo romano asaltó el edificio de la Inquisición, y destruyó su estatua en el Capitolio. Llegaron a saquear sus habitaciones, y su cadáver tuvo que ser escondido en un subterráneo a fin de impedir su profanación...Este fue otro papa infalible.

El nepotista papa del final del Concilio de Trento

Le siguió PÍO IV (1559-1565). Esta vez también fue difícil la elección del papa. Debido al fracaso anterior en términos de política exterior, los  cuarenta y ocho cardenales seguían divididos en dos bandos. Tres meses tardaron en ponerse de acuerdo. Al fin eligieron papa. Su nombre era Giovanangelo Médicis, fue, por tanto, otro Médicis. Este, como no, practicó el nepotismo; también elevó al cardenalato a sus sobrinos. Repartió innumerables prebendas entre todos sus familiares. Llegar a ser papa era sinónimo de enriquecimiento súbito para sí y para quien el papa quisiera, la familia, por supuesto.

No hizo mucho ese papa en sus seis años de mandato, solamente, entre otras pocas cosas, en el año 1561 ordenó ejecutar al cardenal Carlos Caraffa, sobrino del anterior papa Paulo IV, y a su hermano.

“El nepotista PÍO IV. Último papa tridentino”

“El nepotista PÍO IV. Último papa tridentino”

Bajo ese papa, concluyó el que fuera casi eterno Concilio de Trento. Entre muchas otras cosas, de ese Concilio surgió la impronta de cambiar ciertos malos hábitos en la corte vaticana. Esto no fue del agrado de muchos, clérigos y seglares. Hasta tal punto creció el malestar, agravado por las continuas intervenciones de la nefanda Inquisición, que se decidió, conspirando, asesinar al papa.

El día que se fijó para el asesinato, se presentaron en el Vaticano con puñales bajo sus ropajes, tres hombres: Accolti, hijo de un cardenal que muriera sentenciado por Paulo III; Tadeo Manfreddi y el conde Pelliccioni.

El primero llegó hasta el pontífice, sacó un escrito de protesta, pero no hizo nada más. Los otros dos, se quedaron tan desconcertados al ver que no sacaba su arma, que allí mismo se pusieron a discutir, descubriéndose la conjura  inmediatamente. Fueron apresados.

El conde Pelliccioni fue perdonado a cambio de que diera a conocer los nombres de todos los cómplices, pero el hijo del cardenal y Manfreddi, más un tercer individuo, por nombre Canossa, tras torturarlos, murieron ejecutados del modo más demencial y cruel en el Capitolio, el 27 de febrero de 1565.

Además de eso, no menos de veinte personas más fueron condenadas a galeras de por vida. El papa (y su curia) se portó como cruel e inmisericorde señor feudal al que le hubiera ocurrido algo semejante; de hecho los papas eran señores feudales. Al poco, Pío IV murió y fue enterrado, siguiendo las instrucciones de su testamento, en santa María de los Ángeles, en un dignísimo sepulcro.

“In Coena Domini” (El reclamo de dominio papal completo sobre toda la cristiandad)

San Pío V, asesino de “herejes”

PÍO V (1566-1572), llamado san Pío V, fue el siguiente papa. Del cardenal Ghislieri, italiano, como prácticamente todos los papas, puede decirse que recibió el papado en uno de los pocos cónclaves en el que se consiguió respetar las normas de clausura del mismo.

Significa esto, que en prácticamente todos los cónclaves hasta la fecha, los cardenales habían recibido todo tipo de presiones desde el exterior a la hora de decidir quien iba a ser el nuevo papa (¿sucesión apostólica?).

Del nuevo pontífice, destacaban todos los purpurados, su fe. Ahora bien, la pregunta es ¿de qué fe estamos hablando? Por supuesto de la fe en la iglesia romana y sus dogmas, por lo tanto, en su afán de velar por la pureza de la fe católico-romana, aumentó en mayor proporción las atribuciones de los tribunales de la Inquisición, y les dio normas más crueles y severas, que llevaron hasta el punto de ejecutar a muchos inocentes; ni qué decir de los innumerables “herejes” evangélicos.

En Roma se efectuaban cada año un mínimo de tres a cuatro “Autos de fe”, donde muchas personas en cada uno de ellos morirían bajo el tormento de las hogueras, previa tortura. Ejemplo típico de la dureza de este tribunal satánico fue lo acaecido, curiosamente, a un obispo, por nombre Carranza, que tras doce años de cautiverio, murió sin que la Inquisición pudiera probarle ningún delito de herejía. Por todo ello, tanto el pueblo como el clero estaban aterrorizados, y nada producía tanto pavor como una sencilla llamada del Tribunal, aunque sólo fuera para testificar en alguna causa contra alguna otra persona.

Pío V, que llegó a ser “elevado a los altares”, en su satánica ceguera, promovía todas estas cosas pensando, cosa inconcebible, que así agradaba a Dios. La pregunta es evidente: ¿Cuál sería el concepto que este santo tendría de Dios?

“san” Pío V, elevado a los altares romanistas por ser un cruel inquisidor. Nótese que aparece con espada en mano”

“san” Pío V, elevado a los altares romanistas por ser un cruel inquisidor. Nótese que aparece con espada en mano”

En su pasión sin medida por hacer de este mundo un lugar católico-romano, y como no podía hacer más, a pesar de ser “Dios” en la Tierra, en 1570 excomulgó a la reina Isabel de Inglaterra, la reina protestante. El 25 de febrero de ese año, en su bula “Regnans in excelsis”, maldecía con el anatema a la reina inglesa, y la declaraba reo y autora de herejía, tomándose la insólita libertad de absolver a todos sus súbditos de la obligación a su obediencia. Con este anacrónico acto propio del canonismo del medioevo, consiguió que ocurriera todo lo contrario, afortunadamente.

Aquella bula del siglo XIV, “In Coena Domini”, del papa Gregorio XI, por la cual reclamaba el dominio papal completo sobre toda la cristiandad, en 1568, el papa Pío V, juró que eso sería una ley In Eternum, es decir, para siempre. Posteriormente, fue confirmada por los demás papas siguientes, y vino a ser dogma dentro de la iglesia de Roma.

Pío V, ocupado en sus guerras diversas, y especialmente en la guerra contra los turcos, moriría a los sesenta y ocho años de edad. A este hombre cruel y sanguinario, el papa Clemente X, cien años más tarde beatificó, y Clemente XI, por decreto del 4 de agosto de 1710, lo inscribió en el “catálogo de los santos”.

Hasta Pío X, papa del siglo XX, y del cual hablaremos, este Pío V es el último papa “elevado” a los altares.

La Matanza de San Bartolomé

A Pío V le seguiría GREGORIO XIII (1572-1585), que tomaría ese nombre emulando a Gregorio el Grande.

El rencor religioso, promulgado ciertamente por los papas para reclutar al pueblo en sus guerras de religión, es un hecho constatado. Tras la Paz de Augsburgo, y anteriormente, la Dieta de Worms, las diferencias resurgieron de nuevo, más por intereses económicos y políticos que por causas meramente religiosas.

Como decimos, los papas utilizaban el ardor religioso de sus fieles para mandarlos a las batallas, en la que los únicos beneficiados eran ellos. En ese ambiente mezquino, surgiría el papa Gregorio XIII, que, entre otras cosas, se alegró malignamente de la brutal matanza de los miles y miles de hugonotes (cristianos), en París y otras ciudades francesas en la tristemente recordada “Matanza de san Bartolomé” de 1572.

Leemos en la enciclopedia wikipedia: “La matanza iniciada en París y extendida inmediatamente al resto de las poblaciones galas atrapó desprevenidas e indefensas a sus víctimas, entre las que no escasearon mujeres y niños, de modo que durante la noche del  24 de agosto de  1572, la que ha pasado a la historia como Noche de San Bartolomé, la masacre pudo alcanzar hasta 100.000 sacrificados”.

Cien mil asesinatos, mejor dicho. Si nos damos cuenta, en un acto como este, se entiende perfectamente la porción del Apocalipsis: “Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús…” (Ap. 17: 6)

La operación de exterminio de ciudadanos protestantes tardó en llevarse a cabo tres días, bajo la capa de religiosidad, se cubrieron infinidad de venganzas personales, de ruines acciones de cobardes rencorosos.

No bien hubo conocido la noticia, el papa Gregorio XIII ordenó que se cantaran Tedeums (acciones de gracias) en todas las iglesias, y que la ciudad se pusiera de fiesta. Miserablemente, el papa, acompañado de treinta y tres cardenales, entonó un solemne Tedeum, al que sólo los demonios atendieron, en la basílica de San Luis de los Franceses.

Desde allí transmitió sus parabienes a la familia real francesa, e incluso, acuñó una medalla conmemorativa. Este papa fue para muchos el papa ejemplar de la reforma católica, ¿qué les parece? Este fue otro infalible papa.

Los últimos años de su vida, los dedicó al engrandecimiento y embellecimiento de Roma. La capilla de la basílica vaticana va unida al nombre del pontífice, llamada gregoriana, para que le recuerden los descendientes de aquellos desdichados franceses protestantes, entre otros.

“La cruel y nefanda Matanza de San Bartolomé. Miles de cristianos evangélicos murieron a manos de la ruin muchedumbre alentada por sus autoridades eclesiásticas”

“La cruel y nefanda Matanza de San Bartolomé. Miles de cristianos evangélicos murieron a manos de la ruin muchedumbre alentada por sus autoridades eclesiásticas”

“El nefando papa Gregorio XIII hizo grabar una medalla conmemorativa que lleva en una cara su propia efigie y en la otra un ángel con la espada desenvainada matando hugonotes bajo el lema «Ugonotiorum strages»

“El nefando papa Gregorio XIII hizo grabar una medalla conmemorativa que lleva en una cara su propia efigie y en la otra un ángel con la espada desenvainada matando hugonotes bajo el lema «Ugonotiorum strages» (la destrucción de los Hugonotes).  Los Hugonotes eran cristianos evangélicos”

 

La “infalible” traducción de la “Biblia del papa Sixto” 

El antiguo inquisidor Sixto V, papa pecador

Le siguió en el solio SIXTO V (1585-1590). Antiguo inquisidor, este papa fue el que retirara la estatua de la Papisa Juana de su lugar público. Obligó a los obispos de todos los lugares a visitar regularmente Roma, emulando el mandamiento de Mahoma a sus fieles respecto a la Meca.

Además, declaró que él, siendo papa, no sólo tenía jurisdicción religiosa sino también civil sobre los reyes y príncipes, y que podía “designar o destituir a cualquiera en cualquier momento que se le antojara, incluyendo a emperadores”.

Viéndose tan imponentemente infalible, emprendió personalmente su propia corrección del texto de la Vulgata porque consideraba que la comisión de expertos era demasiado lenta.

Sixto V declaró que su versión personal de la Biblia era la auténtica y muy fiel, no obstante, estaba tan plagada de errores y arbitrariedades, que se le recomendó que no la publicara.; no obstante, no hizo caso del consejo.

El obispo católico Strossmayer dice al respecto: “Sixto V publicó una edición de la Biblia, y en una Bula recomendó su lectura, que luego Pío VII condenó” (¿infabilidad papal?).

Este papa hizo como recientemente han hecho los “testigos” de Jehová, “reescribió” la Biblia, para que se conformara a sus propias ideas peculiares.

Referente a esa traducción de la Biblia de Sixto V, y extendiéndonos un poco más en la cuestión, mencionaremos que la escribió de nuevo en latín, añadiéndole frases y cláusulas a su antojo, omitiendo versículos enteros, cambiando los títulos de los salmos, e inventando su propio sistema de capítulos y versículos.

En su bula papal, la “Aeternus Ille”, en declaración dogmática sobre la fe y moral para toda la iglesia romana, declaró el papa Sixto por la “plenitud del poder apostólico”, que esa nueva traducción de la Biblia debía ser recibida y mantenida como verdadera, lícita, auténtica e incuestionable en todas las discusiones, lecturas, predicaciones y explicaciones públicas y privadas.

Cualquiera que desobedeciera, debía ser excomulgado. Pedro de Rosa, católico-romano comenta al respecto:

“Una biblia había sido impuesta con la plenitud del poder papal, completa con los adornos de la excomunión, sobre toda la iglesia, y estaba atestada de errores. El mundo académico estaba confundido; los protestantes sacaban enorme placer y diversión del bochorno de la iglesia romana...”.

Ciertamente, el clero romano quedó pasmado ante la obra del papa, pasmado con estupor. Además del problema en sí en cuanto a la pésima y amañada traducción, veían otro problema derivado: esta traducción falsa había sido aprobada por el Concilio de Trento por imposición papal, y todos los documentos que se aprobaron estaban basados en ella, por lo tanto de descubrirse el “pastel”, ¡quedarían anulados todos! Sixto V, al poco, murió; entonces el cardenal Bellarmino, hábil manipulador, inventó un encubrimiento del asunto. Sigue diciendo de Rosa al respecto:

“...Bellarmino regresó a Roma el 11 de noviembre de 1590...personalmente aliviado de que Sixto V, que había querido incluirlo a él en el Índice de libros y autores prohibidos, había muerto...Bellarmino, aconsejó al nuevo papa que mintiera. Algunos de sus admiradores han disputado esto. Las opciones eran simples: admitir públicamente que un papa había errado en un asunto crítico de la Biblia, o participar en un encubrimiento cuyo resultado era incalculable. Bellarmino propuso la última” (ambas citas: Pedro de Rosa, Vicars of Christ...Crown Publishing, inc., 1988), p. 217-219).

El jesuita Bellarmino y un grupo de eruditos que juraron guardar secreto, trabajaron durante seis meses corrigiendo los errores de Sixto V. Entonces se publicó una nueva edición de la “Biblia de Sixto” como si fuera simplemente una nueva edición. Mientras tanto se hizo un esfuerzo fenomenal por recuperar las copias originales de la verdadera y a la vez falsa “Biblia de Sixto” para ser destruidas; no obstante, unas cuantas copias escaparon del cerco, y fueron preservadas  para la posteridad como pruebas de todo lo dicho. Una de esas copias está en la Biblioteca Bodleiana en Oxford, Inglaterra. Todo el dogma de la infabilidad papal se cae por el suelo ante tal evidencia histórica.

“La Biblioteca Bodleiana en Oxford, Inglaterra, donde se halla una de las copias de la primera falsa “Biblia del papa Sixto”

“La Biblioteca Bodleiana en Oxford, Inglaterra, donde se halla una de las copias de la primera falsa “Biblia del papa Sixto”

Este papa, Sixto V, habiendo sido gran inquisidor, era sádico y extremadamente cruel. A los bandidos y salteadores, no los encerraba sino que directamente los ajusticiaba. Se dijo que en su primer año de mandato rodaron en Roma más cabezas que melones habían llegado a sus mercados.

Tres días después de su coronación, ordenó colgar a dos jóvenes de las almenas del castillo de Sant’Angelo por el mero hecho de estarse paseando con sendos arcabuces colgados al hombro. Dos días más tarde mandó decapitar a un caballero de Espoleto, por haber desenvainado su espada.

Este papa, al igual que todos los demás, sabía enseñorearse bien de todos sus fieles. En política exterior, sólo dar un breve apunte: Después de apoyar de palabra la llamada “Armada Invencible”, con la cual Felipe II desmanteló gran parte de los bosques de España para construir sus naves con el fin de ir contra Inglaterra (para “librarla” de la herejía protestante), el papa, prometiéndole apoyo financiero, al ser, a su vez, la propia Armada desmantelada contra todo pronóstico por los vientos y tempestades en su periplo hacia la Isla, y derrotada después de tres días de lucha, en junio de 1588, “donde dije digo, digo Diego”, el papa negó los subsidios prometidos, dando simples y pueriles excusas.

“El desastre de la española “Armada Invencible”

“El desastre de la española “Armada Invencible”

Murió Sixto V el 26 de septiembre de 1590. Los romanos, apenas conocer la muerte del tirano, se echaron a la calle, y de no haber llegado a tiempo las tropas del condestable Colonna (¿le suena el apellido?), las gentes habrían derribado la estatua que el Senado había erigido en su honor en el Capitolio. Así de querido por el pueblo fue también ese papa infalible. Acerca de la tiranía, cabe aquí apuntar que los papas llamaron treinta y tres veces tropas extranjeras para asolar Italia y subyugarla al Vaticano.

Breves papados

A Sixto V le siguió URBANO VII (1590) que sólo duró unos meses. De hecho, en menos de un año y medio, ocuparon el solio pontificio nada menos que tres papas quienes, por una causa o por otra, murieron. De hecho, muchos fueron los papas que murieron asesinados sin que esto haya trascendido al conocimiento del público.

GREGORIO XIV (1590-1591). Poco se puede decir de él, excepto que durante su efímero mandato desapareció de las arcas papales buena parte del tesoro acumulado por su predecesor Sixto V. Su cardenal-sobrino le engañaba respecto a la situación de Roma debido a una epidemia de una enfermedad desconocida; por lo tanto, el pueblo culpaba de esa situación al mal gobierno del papa y se producían algaradas diversas.

Más eremita que papa, hombre alejado por naturaleza de las cuestiones cortesanas, políticas y militares, no supo estar a la altura que se esperaba de él como pontífice romano. No obstante, por interés si tuvo ocasión de aliarse con el rey español Felipe II para ir en contra de Enrique IV, rey de Francia. Cayetano Morini dijo de él: “...poco capaz de mantener la dignidad de soberano y de príncipe...”. Cabe aquí hacer una reflexión que bien se hubiera podido hacer con cada papa: ¿Cuándo fue el apóstol san Pedro un soberano o un príncipe? Evidentemente, a diferencia del discípulo de Cristo en cuestión, de los papas sí se esperaba que fueran soberanos, y por encima de los reyes y señores de la Tierra, sobre los cuales debían imponerse por “derecho divino”.

Eterno nepotismo

Después de INOCENCIO IX (1591), que sólo duró unos meses, muriendo, fue elegido CLEMENTE VIII (1592-1605). De familia florentina aunque enemiga de los Médicis, todo quedaba en casa. También él, sucumbió a la tentación del nepotismo como siempre. Nombró cardenales a sus dos sobrinos, reservándoles la dirección de la Secretaría del Estado, nada menos. En la corte papal, todo el mundo sabía que quien quisiera algún favor del papa, tenía que dirigirse a su sobrino Pietro.

Clemente VIII, haciendo caso omiso a su propio nombre, mandó, entre otros, ejecutar en la hoguera, levantando una enorme pira en el Campo de las Flores, junto al Vaticano, al filósofo ex-dominico Giordano Bruno. El pobre Giordano anduvo huyendo de un lado a otro hasta que al final fue apresado y condenado a morir quemado vivo por la Inquisición.

LEÓN XI (1605), otro Médicis para variar, cayó enfermo la misma tarde de su coronación, y ya no volvió a levantarse.

Le siguió PABLO o PAULO V (1605-1621). Camilo Borghese, de los Borghese fue elegido a sus 53 años nuevo papa con el nombre de Paulo V. La fortuna de su familia, extinguida a finales del siglo XIX, se formó gracias a su miembro predilecto, el recién nombrado papa.

Paulo V, fue el que llevó a cabo “una legislación técnica de los decretos de Trento” sobre la que se basa la fe de los fieles católico-romanos de hoy en día. Ahora veremos la conducta de ese papa del cual, infaliblemente, surgieron dogmas que los fieles de Roma deben, sin excusa, acatar y creer ciegamente.

 

“El nepotista y perseguidor Paulo V”

“El nepotista y perseguidor Paulo V”

Este fue un papa que rechazó los descubrimientos científicos de Copérnico y Galileo Galilei. En el pontificado de este papa, Galileo Galilei, “por su defensa de los principios copernianos y sus disquisiciones sobre la significación bíblica de los mismos se vio en dificultades con la Iglesia y fue citado a comparecer ante la Inquisición (1616)” (Enciclopedia Católica). 

El científico, viéndose perdido, se vio obligado a negar sus afirmaciones científicas bajo pena a decretar por el Tribunal nefando que le había citado a comparecer. ¡La historia es testigo fiel! ¿Cómo poder creer con “fe ciega” lo que un papa legisla y decreta, cuando este mismo papa, contra toda razón científica y de sentido común, condena y ridiculiza a través de un sistema perverso como es la Inquisición, las enseñanzas verdaderas de Galileo, por ejemplo? ¿Es que Dios no está interesado en la ciencia, siendo Él el Autor de la misma? Este es otro problema intrínseco que conlleva la infabilidad del “romano pontífice”, cree que es infalible en todo, ¡aun no siéndolo en nada!

Paulo V no fue ningún santo, ¡ni mucho menos!, practicó el nepotismo descaradamente. Incluso el jesuita cardenal Roberto Bellarmino se vio en la obligación de advertirle. Veamos algunos casos de su “barrer hacia casa”:

Escipión Cafarelli Borghese, sobrino por parte de su hermana, fue ascendido a cardenal a los 27 años, ocupando inmediatamente el primer puesto en la Corte. Las rentas que ese vividor acumulaba en el 1612 superaban los 140.000 escudos anuales, toda una fortuna; por ello, pudo comprar las mejores haciendas del Lacio, en otro tiempo propiedad de los Colonna y Orsini.

A su hermano Francesco, dio Paulo V el generalato de la Iglesia, y al otro Giovambatista, el gobierno de Bormo. A ambos les dio, además, mucho dinero, aunque más dio al segundo, porque al tener un hijo, Marco Antonio, el papa había depositado en él la esperanza de la continuidad de la estirpe familiar. Para este sobrino, compró el papa Paulo innumerables fincas, e incluso llegó a imponer su matrimonio, casándolo cuando sólo tenía 18 años de edad con una Orsini; Camilla Orsini.

Esa unión buscada ex profeso que el mismo papa bendijo, engrandecía todavía más su propia familia. Mientras tanto, los cardenales del papa seguían viviendo inmersos en el mayor de los lujos imaginables de aquella época, pero guardaban cierta discreción, no apareciendo ante todos con aquel descarado libertinaje orgiástico de hacía unos cien años.

Compitiendo en suntuosidad y fasto, el ejemplo de vida de los cardenales era una vergüenza para cualquier alma mínimamente sensible. Al propio cardenal-sobrino, le llamaban “Delizzia di Roma”; rivalizaban con él los cardenales Aldobrandini y Cinzio entre muchos otros, haciendo vana ostentación de riquezas y de pantagruélicos banquetes.

Pablo V, fue el fundador del Archivo Vaticano, y seguidamente dejó bien claro cual iba a ser la política de secretismo de la iglesia de Roma en la inscripción sobre la puerta: “Quienquiera que entre aquí sin autorización especial del papa, será excomulgado inmediatamente”. En otras palabras, cualquiera que tuviera la osadía de entrar en el Archivo sin más, “perdería” toda posibilidad de salvación eterna, yendo a parar al infierno para siempre (según él).

Durante el papado de ese inicuo, la triste Contrarreforma propiamente dicha estaba en su auge. El cardenal Roberto Bellarmino, defendiendo el papado y la irracionalidad de su presunta autoridad, buscando en todo ello su propio beneficio, dijo, como jesuita que era:

“Si el papa se equivoca, ordenando vicios y prohibiendo virtudes, la iglesia debe creer que los vicios son buenos y las virtudes malas, a no ser que quiera pecar contra la conciencia”.

Esta falsa declaración manipuladora, fruto de una mente retorcida y enferma, es el espíritu de la Ley Canónica, es decir, la teología de la iglesia de Roma. Contrariamente, la Biblia que es la Palabra de Dios nos advierte: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación, pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos” (Salmo 146: 3, 4). Tal y como el Salmo nos dice, el papa Paulo V,  en el cual no había salvación, expiró y volvió a la tierra el 28 de enero de 1621. 

Le siguió a Paulo V, GREGORIO XV (1621-1623). Practicante del nepotismo como todos, Alessandro Ludovisi, alias Gregorio XV, hizo rico, y a una velocidad vertiginosa a su cardenal sobrino Ludovico. Cuenta Beynon: “le enriqueció hasta límites insospechados y a una velocidad grandiosa: tal parecía que el papa temía no vivir demasiado para hacer lo suficientemente rico a su sobrino Ludovico Ludovisi”. Ciertamente, sus temores eran bien fundados.

URBANO VIII (1623-1644) le siguió. Dice Beynon: “Tras innobles disputas, en ocasiones con más de diez cardenales padeciendo fiebre, y con un ambiente en el que más parecía que se trataba de rechazar candidaturas y no de elegir un papa...el Sacro Colegio se decidió por el cardenal Maffeo Barberini” (¿Sucesión apostólica?). Este sí fue un auténtico campeón del nepotismo, y además fue acusado de simonía.

Hizo cardenal a su propio hermano Antonio que era fraile capuchino, y a su sobrino Francesco Barberini. A un sobrino segundo, Tadeo Barberini, le nombró General de la Santa Iglesia, y luego, gobernador de Roma. Más tarde, hizo cardenal a otro sobrino suyo, Antonio Barberini con sólo 20 años de edad, después le nombró camarlengo (*) y prefecto de la Signatura.

(*) Camarlengo: título de dignidad entre los cardenales de la iglesia romana, presidente de la Cámara Apostólica y gobernador temporal en sede vacante”.

Más tarde volvió a hacer cardenales a dos sobrinos de dos primos suyos, Lorenzo Magalotti y Francesco Maquiavelli.

La meta del papa Urbano era la de acumular bienes y riquezas para su familia para que ascendiera a lo más alto de la sociedad. Los tres cardenales Barberini acumularon más de cien millones de escudos, con unas rentas de cuatrocientos mil escudos; mientras tanto, la Cámara apostólica estaba endeudada.

Este hombre sin escrúpulos, buscando una respuesta a su gusto, fue a preguntar a los juristas, hasta qué punto los papas podían favorecer a sus familiares. La respuesta lógica sería: ¡en ninguna manera! Sin embargo, la respuesta auténtica vino por medio del jurista español Juan de Lugo, diciéndole que como pontífice era el señor de la Tierra, y le estaba permitido favorecer a sus parientes en una cantidad de cien mil escudos anuales, lógicamente desviándolos de los fondos de la Iglesia. Como dice de nuevo Beynon:

“Esta respuesta, que bien podría ser tomada como un chiste, adquirió tonos de verdadero sarcasmo cuando Juan de Lugo, en el lecho de muerte, sintió remordimientos y rebajó los favores a 60.000 escudos anuales”.

Aparte de lo grotesco del asunto, la verdad es que si estas gentes consideraban que el papa era el señor de la Tierra, bien podría hacer lo que quisiera, sin límite y sin consultar jurista alguno.

Mientras tanto, el papa sin pensarlo dos veces, buscó la solución a sus problemas pecuniarios aumentando las fiestas y los juegos públicos; cualquier excusa era buena para hacer dinero, de esa manera también intentaría acallar las quejas y habladurías del pueblo. Los antiguos romanos ya lo intentaron y les fue muy bien. El método “Panis et circensis” (panes y circo), fue el método a emplear por el papa Urbano VIII también.

Hubo un tiempo en el que todo eran fiestas suntuosas (para los ricos), cacerías, juegos de azar, representaciones escénicas, estaban a la orden del día. Muchos cardenales quedaron arruinados por llegar a ser víctimas de la pasión por el juego, arriesgando y perdiendo fortunas enteras; entre ellos estaban los Médicis, Borghese, Ludovisi, Torres y Rivarola.

Urbano VIII propició las matanzas contra los protestantes, y persiguió a los jansenistas. Además, lejos de tener alguna misericordia, en el año 1632, Galileo Galilei, a pesar de su avanzada edad (70 años) y graves dolencias,  fue obligado a comparecer de nuevo ante el tribunal de la nefanda Inquisición donde fue condenado, todo a raíz de un trabajo científico suyo, donde Urbano VIII creyó ver una sátira hacia su persona.

Este papa, amenazó al anciano Galilei con tortura, si no renunciaba a su afirmación de que la Tierra giraba alrededor del sol. Urbano decía que esa creencia era contraria a la Escritura; no obstante se equivocaba, y al decir eso evidenciaba su desconocimiento de la Biblia (ver Job 1: 7; Isaías 40: 22). A causa de su desconocimiento culpable de la Palabra de Dios, en el año 1625, este papa, entre otras cosas, reguló la beatificación de los santos. Murió el 29 de julio de 1644. Este fue otro de los infalibles papas.

“El déspota Urbano VIII”

“El déspota Urbano VIII”

Le sigue INOCENCIO X (1644-1655). Sólo dos meses duró el cónclave papa elegir nuevo papa. Parecería un éxito por la pronta decisión de acuerdo de los cardenales; sin embargo no fue así. Fueron los meses de agosto y septiembre, y el calor era insoportable. Muchos de los cardenales, a causa del calor y de las precarias condiciones de higiene padecían fiebres y se temía que el cónclave se transformara en una especie de hospital; por esta única razón se llegó a la elección de Giovan Battista, a pesar de que estaba excluido por Francia (¿sucesión apostólica?). Como era romano, el pueblo recibió jubiloso la noticia, todo quedaba en casa.

Inocencio X, como de costumbre, tuvo un cardenal sobrino, pero esta vez fue un incompetente consumado. Con él aumentó la pompa y el lujo en la corte vaticana, y quien se aprovechó bien de toda esa situación fue su cuñada Olimpia Maidalchini, quien tuvo mucha mano con el papa.

Inocencio X, al que Velázquez inmortalizó en uno de sus retratos más celebrados, en su bula “Cum occasione”, confirmó la condenación del jansenismo hecha por su antecesor.

“Inocencio X - cuadro del gran Velázquez. Sólo con contemplar la siniestra expresión de su rostro, ya se prevé que tipo de persona fue –hay cosas que no se pueden ocultar”

“Inocencio X - cuadro del gran Velázquez. Sólo con contemplar la siniestra expresión de su rostro, ya se prevé que tipo de persona fue –hay cosas que no se pueden ocultar”

Jansenismo, un primer atisbo

Ahora bien ¿qué era el jansenismo? Veamos. El  jansenismo era la doctrina del católico holandés Cornelio Jansen. La enciclopedia católica la define así: “Los caracteres distintivos del jansenismo son: 1) La doctrina de la gracia en contraposición a la doctrina jesuítica de las obras; 2) La insistencia en una moral más rígida y puritana; 3) El encarecimiento de la autoridad de la Biblia y de los primitivos concilios en oposición al desarrollo ulterior de la Iglesia (de Roma): 4) El interés por la educación”. Esta doctrina infinitamente más cristiana que el romanismo, fue condenada por muchos papas, hasta que desapareció el último jansenista dentro de la iglesia de Roma.  Hablaremos algo más sobre la cuestión del jansenismo, más adelante.

(Continuará)

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España. 2009
www.centrorey.org