ESTAMOS HARTOS DEL MANIDO CONCEPTO DE LA “VISIÓN”

ESTAMOS HARTOS DEL MANIDO CONCEPTO DE LA “VISIÓN”

“Escribe la visión, y declárala en tablas para que corra el que leyere en ella.” (Habacuc 2:3)

La palabra “visión” es utilizada hasta aburrir por parte de muchos en estos últimos años, y siempre van al célebre y abusado texto de Habacuc 2: 3, tomándolo según su antojo, y por supuesto, sacándolo de su contexto, lo cual ya de entrada nos anuncia una más que mediocre teología.

Dicho esto, hace poco recibí por email un escrito de alguien proclive a estas cuestiones, el que a continuación transcribo, el cual comentaré:

“Sólo podemos recibir la visión de Dios, esperando en su presencia. La visión de Dios para España es avivamiento, aunque Él tenga que pasarnos por una profunda crisis. A la presente generación de líderes evangélicos, Dios nos da la última oportunidad de impactar a España, de aquí a 2020. Lo conseguiremos si lo hacemos juntos, y si cumplimos con Sus requisitos. La conmemoración del 500 aniversario de la Reforma en 2017, es nuestra gran oportunidad. Revolución o reforma: ¿Qué tendremos? Ora por una reforma” (1)

Desde un punto de vista teológico, este párrafo no tiene desperdicio.

Se asegura que Dios continuamente quiere dar visión, pero que “sólo se puede recibir esperando en Su presencia”. Sutilmente, esta es una invitación a una práctica mística e irreal. Se olvida que los que somos de Cristo, estamos en Cristo (Gl. 2:20), y nada se puede añadir a ese hecho. Pero siempre hay “una montaña más alta que subir”.

Se dice que esa “visión” - que en este caso tiene que ver con avivamiento para la nación española, aunque transferible a la de cada quien - para que ésta llegue, lo más probable es que se tenga que pasar “por una profunda crisis”, comunicando al oyente el concepto del mérito del sufrimiento. Es decir, que sin dolor, no hay salvación.

En todo esto, y hasta aquí vemos tres componentes del catolicismo romano: el esfuerzo meritorio humano, el misticismo, y el sufrimiento como medio para meritar.

La conexión entre el catolicismo y el mover dominionista, es más que evidente.

En su desespero profético, asegura este escrito que “A la presente generación de líderes evangélicos, Dios nos da la última oportunidad de impactar a España, de aquí a 2020. Lo conseguiremos si lo hacemos juntos, y si cumplimos con Sus requisitos”

Supongo que el autor de este escrito ha estado “esperando en Su presencia” y de este modo ha recibido la “visión”, como la recibiera el profeta Habacuc en su día, aunque nada tiene que ver una con la otra; en principio porque la de Habacuc sí era de Dios, pero esta, no lo es.

Sigue asegurando que “La conmemoración del 500 aniversario de la Reforma en 2017, es nuestra gran oportunidad”. Parece ser que la reforma que dicen esperar, debe coincidir con ese aniversario según él, a saber por qué y para qué.

Me gustaría rebatir  todas estas cosas con la doctrina bíblica, para que los que lean este escrito, al menos puedan ser inspirados a pensar, y más aún y mejor, a buscar en la Palabra si es cierto lo que estos nuevos “profetas” enseñan, o no.

Empecemos pues.

En la Biblia, el sentido del término visión, tiene que ver con un mensaje visible y (o) audible de parte de Dios para ciertos individuos (Gn 15:1; 46:2; Nm.12:6; S.89:19, etc.)

Servía para dar entendimiento de ciertas cosas que Dios quería revelar a ciertas personas. Es un término muy usado en el A.T., aunque no tanto en la revelación neotestamentaria (Hchs.10:19; Hchs.16:9 etc.)

Parece muy claro que Dios, al haber hablado por el Hijo (He.1:2) y sus subsecuentes apóstoles de Cristo (doctrina apostólica Ef.2:20), ha dejado patente que todo lo que el creyente debe saber, creer y esperar de Dios, ya le ha sido revelado en Su Palabra, la Biblia.

Este es nuestro privilegio.

El esforzarse en comunicar al actual pueblo de Dios que el Eterno sigue dando nueva revelación a través de “visiones” y palabra de supuestos apóstoles y profetas, es una falacia, por la cual muchos son, y siguen siendo, engañados y confundidos.

Dios no va a decir nada nuevo, porque todo lo que tenía que decir ya lo ha hecho, se llama Biblia, y el canon está ya cerrado (Ap. 22:18)

Lamentablemente, y por décadas, han ido surgiendo como hongos falsos profetas y profetisas que, basándose en la mentira de que ellos tienen la última revelación de Dios para el pueblo, han ido diciendo que las naciones (y por supuesto, la de cada uno de los creyentes allí donde han ido) se convertirán a Cristo, y que los cristianos, encabezados por los flamantes “apóstoles” actuales, conquistaremos esta sociedad para Cristo.

Todos los que estudiamos un poco la Escritura, sabemos que nada dice de una reforma mundial, sino más bien, todo lo contrario (Mt. 24: 11, 12; 2 Ts. 2: 3-12). Este mensaje falso sólo cala en aquellos que como poco, son perezosos en escudriñar la Palabra.

Ellos ponen el acento en que ese “avivamiento” llegará si (subrayo el condicional) la iglesia cumple con su trabajo bien. De esta manera, lo que vienen a decir es que la salvación de las gentes depende del esfuerzo de comunicación y testimonio de terceros; por tanto, enseñan una salvación por obras, en este caso, la obra de los creyentes. Hacen de la iglesia la mediadora entre Dios y los hombres. Si la iglesia falla, Dios falla en Su voluntad de salvar.

Con todo ello, la soberanía de Dios queda por el suelo, ya que Dios está de ese modo sujeto a la iglesia, para bien o para mal. Vinculan la salvación de los hombres, no a la soberanía de Dios sino al esfuerzo de los creyentes. Hacen a Dios pequeño, dependiente de sus criaturas.

Teología horrenda.

Aunque todos los creyentes se esforzaran a la perfección en seguir el cumplimiento de la Gran Comisión, no se iba a convertir ni uno más de los individuos que lo harán (2 Ti.2:19). La salvación sólo la concede Dios a quien quiere (Ro.9:15, 16; Ef. 1: 5)

Por otro lado, el “avivamiento” de las naciones en esta dispensación, no depende del trabajo de los creyentes, porque sencillamente la Biblia nada dice sobre tal “avivamiento”, sino todo lo contrario, como dijimos.

Esta idea del “avivamiento” nacional y mundial, en el mejor de los casos, sólo se sustenta en el deseo emocional de ver el reino de Dios establecido en este planeta, pero el deseo no obra la fe de Dios. Habrá que esperar a que regrese el Señor, juzgue a las gentes, y establezca su Reino Milenial (Ap. 19; 20)

No, Dios no ha dicho que mi nación, ni la de usted, se convertirán a Cristo, y menos que lo harán por la “unidad”, el testimonio y el “impacto” de sus “líderes” con el resto de los creyentes, atribuyéndonos de ese modo la gloria.

Dios no depende en absoluto de nosotros, pero nosotros dependemos absolutamente de Él. No obstante tal parece que estos falsos maestros y profetas, hasta cierto punto, siguen pretendiendo hacernos creer lo contrario.

Huyamos del error.

SOLI DEO GLORIA

Citas:

  1. Leopoldo Lobo HOJA MARZO 2017, VISIÓN 2020 - ¿REFORMA O REVOLUCIÓN? 

 

Fin