APRENDIENDO A HUIR DEL ENGAÑO Y DE LOS QUE ENGAÑAN

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APRENDIENDO A HUIR DEL ENGAÑO Y DE LOS QUE ENGAÑAN

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8)

Estas palabras las dirige Pablo a los creyentes, en este caso, los de Colosas, y consecuentemente, a todos los que profesan a Cristo en cualquier lugar y en cualquier tiempo de la historia, ya que es Palabra de Dios.

Esto implica algo a tener en máxima consideración, que es, que aún los verdaderos cristianos podemos ser engañados, por eso dice: “Mirad que nadie os engañe…”

Si da esa advertencia, es debido a que:

  1. 1) Existen el engaño y el error cerca del creyente.
  2. 2) El creyente deberá hacer algo al respecto.
  3. 3) Se puede ser libre del engaño y de los engañadores.

1.     Existen el engaño y el error cerca del creyente

Que el engaño y los que lo propagan están cerca del creyente, es un hecho. Ese “engañar” en griego, es el mismo término que se traduce por “robar”. Por tanto, el engaño busca el robar o sustraer la verdad de los creyentes para reemplazarlo con mentira.

Es parte de la obra del maligno:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe…” (1 Pedro 5:8,9)

¿Cómo ataca el diablo?
El diablo no siempre ataca de frente con claridad, sino que muchas veces utiliza las tácticas de la sutilidad, y aún se vale de ciertos aspectos de la verdad, para engañar a quién pueda de entre los creyentes.

Sabe que no conseguirá nada con ataques que no constituyan ningún problema para el creyente, por lo tanto, buscará la manera.

Dios es amor, así que todo lo que constituya el amor de Dios es de suma importancia para el creyente. Como cristianos sabemos que el amor es clave para vivir y desarrollar una vida cristiana. El diablo sabe eso, así que buscará el utilizar esta cuestión en su beneficio, sabiendo que ahí nos creemos fuertes.

Nota: Ahí donde nos creemos fuertes, somos muy débiles, porque tenemos tendencia a relajarnos.

El diablo usará para sus repudiables fines la temática del amor, y el siguiente es un ejemplo, muy común, que ocurre en tantos y tantos círculos cristianos.

Si consigue que levantemos la bandera del amor para llegar a minimizar un acto reprobable como es el pecado, entonces habrá ganado mucho. Habrá manchado el amor, y habrá enaltecido el pecado.

En este caso se estaría urdiendo un falso concepto del amor, aquel que sólo se contempla desde la escena sentimental, haciendo de esos sentimientos una definición interesada de lo que es el amor.

Llevando el amor a lo netamente sentimental, se bloquea inmediatamente el sentido de la justicia, de lo que es justo, reprochable y condenable.

Es el típico ejemplo de los creyentes que, ante el pecado descubierto de otro, todo lo más que se les ocurre es intentar paliar el asunto, no con la búsqueda del arrepentimiento y la disciplina cuando obvia, sino a través de los “achuchones de cariño”, como si el “cariño” fuera la respuesta al pecado encubierto, descubierto, y puesto a la luz.

De ese modo, se echa la gracia de Dios por el suelo, pisoteándola, por haber hecho de esa gracia, simple impudicia. De esa manera se cumple lo escrito también:

“ Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 4)

El cariño sentimental, no corrige el pecado, y tampoco lo cubre, ni lo ha de cubrir.

Por eso Dios dio la Ley a Moisés, para que entendamos cual es Su exigencia de santidad. La Ley nada tiene que ver con el cariño, y sin embargo el cumplimiento de la Ley es el amor (Ro. 13:10)

Dios no mostró su "cariño" al pueblo elegido, sino que le mostró la gravedad del pecado, por medio de la ley.

Pero los engañadores y engañados no actúan conforme a la santa severidad de Dios, sino todo lo contrario. En ese sentido leemos las palabras del profeta: “Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:13, 14)

El pecado hay que tratarlo con la severidad que requiere, de otra manera, estaremos haciendo como aquellos falsos ministros del Señor del tiempo de Jeremías, que aseguraban la paz al pueblo, cuando eso no era así, por causa del pecado.

El engaño se combate con la verdad de la Palabra
Por tanto, sea el tipo de engaño que sea, deberemos actuar siempre de acorde a lo que la Palabra de Dios nos enseña para combatirlo.

Así pues, sea del modo que sea o llegue a ser, el creyente ha de estar en conocimiento de que el engaño y su error, siempre convivirán cerca de él. Por tanto:

2.     El creyente deberá hacer algo al respecto

¿Qué deberíamos hacer frente a esa amenaza que siempre estará contra nosotros mientras estemos en este mundo?

Repasemos el versículo de encabezamiento:

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8)

Casi siempre el diablo utilizará a sus ministros, falsos ministros del Señor, para intentar traer el engaño a las vidas de los verdaderos hijos de Dios, tal y como vimos:

“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 4)

Los falsos maestros que tienen éxito en hacer que las personas crean mentiras, les roban la verdad, y la bendición de Dios. Para los verdaderos creyentes, eso es terrible, porque si bien es imposible que el engaño pueda hacer que la salvación se pierda, sí constituirá motivo de pérdida de gloria futura en muchos casos.

“Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1: 10,11)

Esta escritura nos hace entender que así como podemos obtener una entrada amplia y generosa en el reino de Dios, puede también ser lo contrario.

Por tanto será menester que nos aseguremos de no estar bajo ningún tipo de engaño, y menos todavía, sobre alguno que pudiera afectarnos de cara a la Eternidad.

¿Cómo podríamos ser engañados según el engaño de los falsos maestros?
Sigamos analizando ese versículo:

 “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8)

Aquí es el único lugar en todo el NT en el que vemos mencionada la palabra “filosofía”, que en su literalidad significa: “amor por la sabiduría”.

Ese vocablo, en su origen, no se refería tanto a una disciplina académica, sino más bien a cualquier teoría acerca de Dios, el mundo, o el significado de la vida, que evidentemente, en este caso, era ajena a la Palabra de Dios.

Los que acogieron la herejía propagada en Colosas, la usaban para describir el supuesto conocimiento superior que según ellos habían alcanzado. Eran los ciernes del gnosticismo, y también de lo judaizante.

No obstante Pablo les llama “huecas sutilezas”, es decir, engaños despreciables.

El perfil de los engañadores
Lejos de ser un conocimiento avanzado y más profundo, las creencias de los falsos maestros eran simplistas e inmaduras como todas las demás especulaciones, ideologías, filosofías y psicologías inventadas en el sistema caído satánico y humano.

Hoy en día es lo mismo, y se mueven en todo tipo de esquema teológico, de ahí que los podamos encontrar en todo lugar del círculo evangelical.

Como en aquel entonces, estos que se presentan como maestros, llevan títulos improcedentes como “doctor”, “licenciado” y hasta “apóstol”, (y las mujeres, "profeta") buscando de ese modo el impresionar a su público, cuando muchos de ellos apenas pasaron de la secundaria.

Suelen ser personas con un alto grado de megalomanía (delirio de grandeza), llegando a creerse ellos mismos sus propios embustes.

Se colocan ante los demás como sabios y eruditos, pero no son sino charlatanes, embaucadores, que sólo logran engañar a aquellos que tienen la tendencia de idealizar a ciertas personas y encumbrarlas en sus imaginarios pedestales.

El engaño hacia los de Colosas
El apóstol Pablo está quejoso con los creyentes de Colosas, ya que muchos estaban dando oídos a los falsos maestros que les orientaban hacia el ritualismo, el ascetismo y las varias especulaciones filosóficas, tanto del gnosticismo, como de lo netamente judaizante.

Les apartaban de la gracia, para que confiaran en sus propios méritos y obras.

Estos falsos maestros eran judíos (2: 11, 16). Eran ascetas (practicantes del ascetismo) (2: 16, 20-23), posiblemente heredado todo ello de los esenios. Hoy en día los falsos maestros, si no son judíos, se hacen pasar por judíos, haciendo creer a sus acólitos que de ese modo tienen más "autoridad espiritual", y deben ser escuchados (por lo que tienen su material para vender, sus DVD´s, sus libros, etc.)

Eran místicos (2: 8), estaban envanecidos, lo cual implica que estaban inmersos en un gran orgullo espiritual (2: 18), etc. También buscaban el introducir un culto a los ángeles (2: 18), lo cual atentaba a la todo suficiencia y supremacía de Cristo.

Eran ritualistas (2: 21). Pablo constantemente les refutó.

Todo lo que implique formas externas y ritualismos, dándoles un uso y sentido espiritual improcedente e incluso exagerado, no es doctrina de Cristo. De ahí que Pablo les enseñara:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (Col 2: 16, 17)

Los falsos maestros querían imponer algún tipo de regulaciones alimenticias que pudieron haberse basado en la ley ceremonial, ya obsoleta.

Por estar en el Nuevo Pacto, ya no estamos obligados en modo alguno a observar las restricciones del AT respecto a nuestra dieta, y tampoco a observar nada que tenga que ver con las festividades; es decir, las celebraciones religiosas anuales del calendario judío; luna nueva (el sacrificio mensual que se ofrecía en el primer día de cada mes), o el shabbat; la doctrina apostólica enseña con claridad que no hay que guardarlo (Ro. 14: 5,6; Hchs. 20:7).

Hoy en día, además de estas cosas, los falsos maestros dan una importancia desmedida a cuestiones de precepto, conforme a punto de vista humano, que no tienen ningún valor ante Dios.

 “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?” (Vv.21, 22)

Nada que tenga un enfoque legalista nos aportará algún beneficio espiritual. La gracia de Dios, sí.

3.     Se puede ser libre del engaño y de los engañadores

Sí, se puede ser libre del engaño y de sus portadores, y será así en la medida en que vayamos aprendiendo a depender enteramente de la gracia de Dios, llenando nuestras mentes de la verdad de Cristo, buscando el agradar a Dios, por encima de a nosotros mismos.//

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Marzo 2015
www.centrorey.org

 

FIN