Compartir por WhatsApp

Recomendar por email

LAS SIETE PARÁBOLAS DE LOS MISTERIOS DEL REINO DE LOS CIELOS
2ª parte

Índice del Tema

Tercer Misterio. La semilla de la mostaza

"Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas." (Mateo 13: 31, 32).

Este es otro misterio que Jesús muestra en parábola, pero que gracias a otras descripciones similares, este misterio queda suficientemente aclarado. Otra vez el Señor Jesucristo compara las vicisitudes del Reino de los Cielos, con la siembra; esta vez la de un grano de mostaza, y de lo que ocurre al respecto.

Dice que el grano de mostaza es la más pequeña de las semillas, pero que cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, hasta convertirse en un árbol. Las plantas de mostaza que crecen en Israel, son arbustos muy altos, porque llegan a alcanzar a veces los 4 y 5 metros de altura.

Representación del árbol de mostaza
"Representación del árbol de mostaza"

El Señor dice que de una semilla muy pequeña, surge a la postre un arbusto extremadamente grande. De lo más pequeño originalmente, lo más grande, comparativamente. ¿Qué querrá decir esto?

Evidentemente el minúsculo grano de mostaza aquí representa toda la calidad del Reino, pero contenida en la pequeñez de sus medios ya que como tales, son humanos; es decir, somos nosotros los creyentes, con nuestras limitaciones.

(2 Corintios 4: 7) "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros."
(1 Corintios 1: 27-29) "Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia."

Los incrédulos y los religiosos vacíos siempre menospreciarán el Reino, porque en apariencia, en este mundo, es poca cosa, como lo es la semilla de mostaza.

A pesar de ser tan pequeña, la semilla de mostaza tiende a brotar y crecer. El Evangelio, a modo de tal semilla, se muestra en un principio como algo casi insignificante a ojos humanos, ya que su mensaje es sencillo.

No requiere de alardes ni de oratoria, no requiere de previa persuasión para ser creído, sino que cualquiera llamado por Dios a tal efecto, lo puede entender y creer.

A los ojos del mundo, parece insignificante y despreciable (1 Co. 1: 18-31), pero es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

(V. 31) "... que un hombre tomó y sembró en su campo..."

Ese hombre, según el contexto, es el Hijo del Hombre (ver Mt. 13: 24; 37). Es el Hijo del Hombre el que siembra la buena semilla. Al igual que sembró su buena semilla en su campo (V. 24), también esta vez la siembra en su campo. Lo cual nos lleva a la conclusión de que ese campo es el mundo, el mundo al cual Dios ama (Jn. 3. 16).

"...grano de mostaza; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol:"

Así como en la parábola anterior, la semilla que el Hijo del Hombre, la cual son todos los verdaderamente renacidos es sembrada en el campo que es el mundo, formando el trigal de Dios - es decir - la Iglesia que Dios discierne pura y sin mácula en el mundo, esta vez, ocurre algo muy similar.

Ese grano de mostaza es también el verdadero discípulo, del cual surge la verdadera vida que es Cristo en él (Gl. 2: 20). En lo espiritual, es esa planta que se convertirá en gran hortaliza.

Una vez más la Palabra nos enseña que el crecimiento del Reino se realiza en la vida del verdadero cristiano, y en él se establece.

(V. 32c) "... se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.":

Los pájaros en el árbol de mostaza
"Los pájaros en el árbol de mostaza"

Aquella pequeña semilla, casi imperceptible, casi despreciable, llegó a transformarse en un árbol.

Ese árbol llega a ser de tal tamaño, que puede soportar bastante peso, y hasta puede suponer un abrigo y protección para las aves y sus nidos.

Por ello, el que las aves del cielo vengan y aniden en sus ramas es también muy significativo. En el mismo contexto de la parábola del Sembrador, las aves del cielo representan al enemigo de nuestras almas (Vrs. 4; 19), y a lo ajeno, en este mundo, al Reino.

¿Qué hacen pues esas aves en las ramas de la planta de la mostaza? Pues toman ventaja de su porte arbóreo para esconderse en él, estar en él, y hasta anidar en él.

Es evidente entonces que tal descripción nos recuerda a la cizaña que fue plantada en medio del trigo, tomando ventaja de este. Recordemos que el enemigo es siempre ventajista. Así como la planta crece fuerte y sana, también la influencia de seres que nada tienen que ver con ella – las aves del cielo – es una realidad que deberá sufrir.

Leemos en el Diccionario Bíblico Ilustrado:

"Se trata de un crecimiento, pero, como en las otras parábolas dadas en el mismo contexto (Mt. 13), enseña un crecimiento con corrupción debido a la acción del enemigo"

El Reino de Dios, aún siendo grande dentro del creyente una vez formado, o dentro de la Iglesia, sufre violencia por la acción del enemigo.

En el segundo caso, nos habla con claridad de la realidad de la Iglesia en este mundo, que a pesar de que se formó a partir de un insignificante comienzo (el grano de mostaza: los 120 en el aposento alto en Jerusalén), y que ocupó su lugar en la tierra (el campo), jamás estuvo exenta del continuo ataque de Satanás a través de sus emisarios, y así será hasta que el Señor vuelva a por ella.

En ese sentido, ese crecimiento desmesurado, cercano al gigantismo, ha hecho que el cristianismo visible llegara a degenerar en una “iglesia de multitudes”, llena de falsos creyentes.

Históricamente, eso tuvo lugar a partir del edicto constantiniano del año 313, a partir del cual, se hizo oficial el cristianismo como religión de obligado cumplimiento en todo el mundo occidental. Como resultado inmediato de esto último, el mundo contempló el surgimiento y establecimiento de la falsa iglesia de Roma, con todas sus ramerillas alrededor.//

Cuarto Misterio. La levadura en las tres medidas de harina

(Mateo 13: 33) "Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.":

De nuevo el Señor compara el Reino de los cielos con otra realidad cotidiana. Tenemos diferentes realidades del día a día que el Señor presenta:

  1. La levadura.
  2. Una mujer que la escondió.
  3. Las tres medidas de harina.
  4. El leudo total y final.

Compara el reino de los cielos, no con la levadura, sino con la historia al completo.

En primer lugar, el entendimiento es el de que esas tres medidas de harina simbolizan la pureza del reino, como no puede ser de otro modo.

Curiosamente, cuando menciona Jesús las tres medidas de harina, esto evoca el pasaje de Génesis 18, cuando al presentarse el Señor ante Abraham, este le manda a Sara que tomara tres medidas de flor de harina, las amasara, e hiciera “panes cocidos debajo del rescoldo” (Gn. 18: 6) para dar de comer a los tres varones (Gn. 18: 2).

Evidentemente, esas tres medidas de harina para hacer los panes, eran bendición de Dios para comer, y estaban exentas de cualquier leudo. ¿Estaría pensando el Señor en aquellas tres medidas de harina a la hora de presentar a sus oyentes Su parábola? Lo más probable.

Por otra parte, encontramos que la Palabra nos enseña en Gálatas 5: 9; "Un poco de levadura leuda toda la masa" (Gl. 5: 9).

Esta palabra está en el contexto siguiente: los gálatas corrían bien en su carrera al cielo - eran buena masa - pero llegó un momento cuando alguien (los judaizantes) les estorbó para no obedecer a la verdad, llevándoles a justificarse por la ley (Gl. 5: 7, 4).

Pablo les advierte que tal "persuasión no procede de Aquel que os llama" (Gl. 5: 8). Es decir, que esa persuasión, a modo de levadura, era algo que no venía de Dios, sino del enemigo, y que era una brutal contaminación espiritual, hasta el punto de que, sólo ese poco de persuasión demoníaca, iba a leudar toda la masa. El principio aquí es que, no importa cuán grande sea la buena masa, un poco de levadura la afecta totalmente.

Corpúsculos de la levadura
"Corpúsculos de la levadura"

Israel en Egipto

Lo leudado en la Biblia, invariablemente es sinónimo de pecado, y la levadura, de contaminación para pecar. Cuando el Señor instituyó la Pascua, enseñó a los israelitas que todavía estaban en Egipto que tenían que deshacerse de toda levadura durante el tiempo de pascua (pesha) y de la fiesta de los panes sin levadura:

"Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel." (Éxodo 12: 19).

Menos todavía podían comer panes leudados en esos siete días:

"Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel... Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura." (Éxodo 12: 14, 15, 20).

Pan leudado

Israel no podía comer pan leudado durante un tiempo señalado. El pan leudado significaba contaminación espiritual en el alimento espiritual. Hoy en día el pueblo de Dios debería darse cuenta de cuánto leudo existe y se esparce desde los santos púlpitos, y apartarse de esa contaminación espiritual.

Pan sin leudar es sinónimo de santidad

Entendemos que el pan es aquí sinónimo del cuerpo de Cristo que debían comer sin ningún leudo, que significa pecado. Es decir, que nuestra comunión con Dios debe ser sin contaminación de pecado, es decir, santa. Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre..." (Juan 6: 35). El pan que es Cristo, es santo y puro; sin leudo alguno, que implicaría contaminación pecaminosa.

Cuando la Biblia nos habla de la masa de harina inicial, nos transmite el sentido de que esa masa es santa; es decir, que no está contaminada (Ex. 12: 34, 39). Llevándolo a lo espiritual, en Romanos 11, hablando el apóstol Pablo acerca de Israel, el cual a la postre será salvo (Ro. 11: 26), nos dice:

“Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas” (Romanos 11: 16)

Israel, ya en sus primicias era santo – es decir, apartado para Dios – pensemos al respecto en Abraham, Isaac, Jacob que fueron personas apartadas para Dios, y del tercero surgió Israel, por sus doce tribus. Así como fue, también será al final, cuando “todo Israel será salvo” (ver Ro. 11: 26, 27). El ejemplo que da Pablo para esto es justamente el de la masa, tal y como hemos leído.

Hacia los Corintios

La admonición de Pablo a los corintios, es que se limpien de toda costumbre pecaminosa en la cual solían vivir antes de conocer al Señor, y para ello les dice:

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” (1 Corintios 5: 7)

Y ante la presunta obstinación de estos, les insiste diciendo: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” (1 Corintios 5: 6)

Sobre la levadura, en profundidad

Escribe Scofield en relación a la levadura y su significado en la Biblia:

“La levadura, como sustancia simbólica, se menciona siempre en el A.T. en el sentido malo. El uso de la palabra en el N.T. explica su significado simbólico: Es “malicia y maldad”, en contraste con “sinceridad y verdad”

Así es. Leemos lo que Pablo les dice a los corintios:

“No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa. Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5: 6-8)

Sigue diciendo Scofield:

“Es doctrina errónea (Mt. 16: 12), según ésta se enseñaba o practicaba por fariseos, saduceos y herodianos (Mt. 16: 6; Mr. 8: 15). La levadura de los fariseos era formalismo religioso (Mt. 23: 14, 16; 23-28); la de los saduceos, escepticismo en cuanto a lo sobrenatural y a las Escrituras (Mt 22: 23, 29); y la de los herodianos era la mundanalidad. Ellos formaban un partido de Herodes entre los judíos (Mt. 22: 16-21; Mr. 3:6)”

Una mujer que escondió la levadura

“… El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina…”

Normalmente el Señor siempre habla de un “hombre” en sus parábolas, pero esta vez es una mujer. El amasar pan no era cosa exclusiva de las mujeres, los varones también amasaban pan, pero esta vez la protagonista es una mujer.

¿Cuál es el sentido de que sea precisamente “una mujer”?

Es evidente que el Señor ya estaba anticipando por parábola que un día Él iba a fundar Su iglesia, y de que a pesar de que las puertas del Hades no iban a prevalecer contra ella, el Reino de Dios iba a sufrir violencia, como así ha sido, y sigue siendo.

Bien, la Iglesia es representada por una virgen pura y sin mácula, por tanto, una mujer; pero la falsa iglesia de Cristo, también está representada por una mujer, una mujer ramera.

En modo de parábola, vemos aquí proféticamente la representación de la Gran Ramera, la mujer que esconde la levadura en las medidas de harina.

En esas tres medidas de harina en un momento dado, una mujer, la cual debería ser la mujer sentada sobre una bestia escarlata (Ap. 17: 3), es decir la Gran Ramera, la falsa iglesia de Cristo, esconde en ellas su levadura, lo cual es falsa doctrina; doctrina de demonios:

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1)

La Gran Ramera
“Representación de esa mujer infame, la Gran Ramera: la falsa iglesia de Cristo que engaña y engañó a millones”

La gran ramera resume la levadura, tanto la de los fariseos, la de los saduceos y la de los herodianos:

  1. La levadura de los fariseos: formalismo religioso, falsedad e hipocresía (Mt. 23: 14, 16; 23-28)
  2. La levadura de los saduceos: escepticismo en cuanto a lo sobrenatural y a las Escrituras (Mt. 22: 23, 29)
  3. La levadura de los herodianos: la mundanalidad.

Tanto la falsedad religiosa, como el escepticismo en cuanto a lo sobrenatural de Dios y la verdad de las Escrituras, como la mundanalidad, son el leudo que ha estado metido dentro de las tres medidas de harina hasta la fecha de hoy, y será así hasta la venida gloriosa del Señor.

“...hasta que todo fue leudado”: Así como la cizaña ha invadido todo el campo de trigo, la levadura mencionada arriba en sus tres aspectos, ha leudado toda la masa. Esa es la realidad. Esto también anuncia la venida del Señor, porque cuando todo esté del todo leudado, será el momento de separar el trigo de la cizaña, y en este caso el leudo de la masa, lo cual implica juicio, el que trae el Señor en Su venida.

La parábola de la levadura va en consonancia con la parábola del trigo y la cizaña y la del grano de mostaza.

Por tanto, vemos que El reino sufre y acabará sufriendo violencia hasta que sea liberado por el Rey.//

Quinto misterio. El tesoro escondido

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” (Mateo 13: 44)

De nuevo el Señor compara el reino de los cielos con otro ejemplo a modo de parábola. Cuando dice “es semejante a”, se traduce de la palabra griega homoios, que viene a significar: “similar en apariencia o carácter”, en este caso, con un tesoro escondido.

¿Cuál será ese tesoro escondido?

Tesoro escondido
“El Tesoro escondido”

El campo: el mundo; el hombre: Cristo

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo...”:

Se ha dado como interpretación de esta parábola el que un hombre cualquiera – un pecador - compra el terreno cuando encuentra ese tesoro que significaría Cristo, pero esta explicación falla desde la base misma.

En primer lugar, el pecador no puede comprar el campo, que significa, según el sentido del contexto general, el mundo (ver vrs. 24; 31; 38); en todo caso, dejaría el mundo al haber encontrado a Cristo, como lo expresa el apóstol:

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3: 8)

Y como dice Scofield: “Además, el pecador no tiene nada que vender, ni Cristo está a la venta, ni se halla Él escondido en un campo; tampoco esconde a Cristo después de haberle encontrado”

Claro, nadie puede comprar su salvación, lo cual implicaría vender lo que uno posee a cambio de esa salvación.

¿Cuál sería entonces la explicación de esta parábola? Pues sin lugar a dudas, habrá que seguir la dirección del contexto de las parábolas que venimos estudiando en Mateo 13 al respecto, y que tienen que ver bastante con la cuestión escatológica.

Ese hombre es el mismo que sembraba la buena semilla

Ese hombre, deberá ser el mismo hombre que siembra la buena semilla: el Hijo del Hombre, es decir, Cristo mismo (v. 37). Es por tanto Cristo, quien compró a precio de su propia sangre ese tesoro: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1: 18, 19)

Obviamente entonces, ese tesoro son todos los rescatados, así como la obra de Dios para llegar a serlo.

Vamos a ver todo esto por partes.

Trasladando el sentido de la parábola a esta dispensación

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” (Mateo 13: 44)

La que vamos a ver a continuación es la interpretación de cara a la iglesia, entendiendo que el Señor ya anticipaba su creación, enseñando los principios que vamos a ver.

Si el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido, significa que literalmente ese tesoro es en sí el Reino. El Reino no es parte del mundo, por eso ese tesoro está escondido en el campo, que es el mundo.

En un sentido los que íbamos a venir a Cristo, estábamos escondidos en el campo del mundo hasta que el Señor nos llamó a su luz admirable:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2: 9)

Éramos el tesoro escondido en el campo que es el mundo. Cristo vino al mundo (el hombre en el campo), nos vio, y nos salvó, pero antes debió vender todo lo que poseía, es decir, entregó su propia vida por nosotros.

Ese reino está en los suyos

El Reino se encuentra en cada verdadero creyente renacido, porque el Rey por Su Espíritu vive en cada uno de ellos. Esto se demuestra por la palabra que dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5: 19)

Entonces, ese tesoro escondido es tanto el Reino, como cada verdadero creyente. Ambos están en el campo, que es el mundo, pero no son del mundo, por eso están escondidos en el campo que es el mundo. Esto tiene el sentido de “estar en el mundo, pero no ser del mundo” (1 Co. 5: 9-11)

El tesoro vuelto a esconder

“...el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo...”:

Ese esconderlo de nuevo después de haberlo hallado, referente a la Iglesia, es que, como tesoro de Dios, es dejada momentáneamente en el campo (aunque no es del campo, es decir del mundo) para que pueda ejercer la función encomendada por el Señor: ser testigo de Él (ver Hchs. 1: 8; Mt. 28: 19, etc.)

Las diez tribus escondidas

Pero todavía podemos encontrar un sentido - por demás escatológico – a esta parábola, que tiene un sentido muy claro.

Cuando el Señor nos habla de un tesoro escondido en el campo, podemos también entender que ese tesoro es el Israel que está escondido, diseminado por todas las naciones de la tierra (que sería el campo).

En el libro de Oseas, encontramos que las diez tribus del reino del norte, lo que llamamos Israel, ya que Judá y Benjamín constituyen el reino del sur, la casa de David – aquellas diez tribus – quedaron disueltas y mezcladas con los pueblos de la tierra. En ese sentido, Israel fue la esposa adúltera y repudiada de Jehová, (ver Oseas 1: 1-9).

No obstante, el mismo Señor anuncia por su profeta, que al final de los días, esa Israel será restaurada y vuelta al Señor:

(Oseas 1: 9, 10) “Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande”.

Aquí vemos la ratificación del pacto con Abraham respecto a Israel, que no se cumplió en ese tiempo, sino que se cumplirá al final de los días, con la consecuente entrada del Milenio. Ese jefe mencionado es el Mesías, y el día de Jezreel es en el sentido de bendición divina.

Al final de los días, y en el contexto de la gran tribulación, Dios va a producir una salvación sin parangón entre las naciones, en cuanto a las diez tribus diseminadas, como individuos, por doquier:

“He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá. Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito. Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño” (Jeremías 31: 8-10)

Israel fue designado como el especial tesoro de Jehová, como Él mismo lo dijo:

“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra” (Éxodo 19: 5)

Por siglos dejó de serlo a causa de su desobediencia, pero como dice la Palabra profética, serán recogidos:

“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.” (Deuteronomio 30: 1-3)

“Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar”. (Jeremías 29: 14)

Un grupo escogido de siervos de nuestro Dios, los 144.000 sellados de todas las tribus de Israel (Ap. 7: 3, 4) estarán dispuestos en su momento (en la Gran Tribulación), para llevar a cabo la misión de anuncio del Mesías a los dispersos de Efraín de entre las naciones.

El tesoro vuelto a esconder

“...el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo...”:

Efraín o el Israel diseminado entre las naciones (así como el reunido en su tierra) – el verdadero, que sólo Dios conoce – sigue de momento escondido en el campo que es el mundo, esperando su restauración.

El Hombre que vende todo lo que tiene (ahondando en esto)

“...y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”:

Gozoso el Señor por haber visto el fruto de la aflicción de su alma, quedará satisfecho (Isaías 53: 11)

El vender todo lo que tiene, sólo lo pudo hacer el Señor, ya que todo lo que tenía, era Él mismo cuando voluntariamente se entregó en la cruz. Con su sacrificio, expresado en su propia sangre, compró el campo, que es el mundo, con todo lo que contiene, en este caso, ese tesoro escondido, que son todos los salvos, tanto de la Iglesia como los de Israel en su momento (ver Ro. 11: 25-27); todos salvos exclusivamente por los méritos Suyos.

(1 Juan 2: 2) “Y él es la propiciación (ilasmós gr.) por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”

Dios es propicio hacia todos los hombres, por causa de Cristo, por su sacrificio en la cruz. El pagó por los pecados de todo el mundo, lo cual no significa que todos van a creer y recibir el perdón de sus pecados; solamente los que representan ese tesoro, que son los justificados.

En el sentido escatológico, y en cuanto al Israel que ha de ser salvo al final de la Gran Tribulación, escribe Scofield:

“El Divino Mercader compra el campo (el mundo) por interés del tesoro, que es objeto de su amor a causa de los padres, y que todavía ha de ser restaurado y salvo. La nota de gozo es la misma que entonaron los profetas en vista de la restauración de Israel (ver Dt. 30: 9; Is. 49: 13; 52: 1-3; 62: 4-7; 65: 18, 19)”

Nótese que Cristo vino en primera instancia a dar la palabra del Reino a Israel.//

Sexto misterio. La perla de gran precio

“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.” (Mateo 13: 45, 46)

Perlas
“Perlas”

De nuevo aquí el Señor nos dice que el Reino de los cielos es “semejante a” (gr. homoios), que viene a significar: “similar en apariencia o carácter”, a un mercader que llega a vender todo lo que posee para así obtener una perla muy especial, una perla de gran precio.

En el mismo sentido y estilo de la parábola anterior, vemos aquí que ese mercader no puede ser otro sino el Señor Jesús.

Esta parábola va dirigida a la Iglesia, la que todavía no existía cuando la dijo Jesús, pero que ya anunciaba proféticamente.

“...un mercader que busca buenas perlas...”:

A modo de ese mercader buscador de buenas perlas, el Divino Mercader, también busca buenas perlas. De todas esas buenas perlas, busca la sería la más preciosa de todas, la Iglesia, y acabaría encontrándola.

“...que habiendo hallado una perla preciosa...”:

Cuando halla la perla preciosa, halla la Iglesia, con la cual tendrá comunión. La perla preciosa es la “perla de gran precio”. Ese precio es tan grande, por cuanto es Su propia vida, la que Él entregó para poder adquirir esa perla sin igual que es la Iglesia.

Así pues, como aquel hombre que vendió todo lo que tenía en la parábola del “tesoro escondido” (V. 44) para poder adquirir el campo – que es el mundo – donde se encuentra el tesoro escondido (el cual en mayor manera, podríamos considerar como el Israel que a la postre será salvo – ver Ro. 11: 25-27), este mercader también vende todo lo que tiene (V. 46), para poder comprar la perla de gran precio, que simboliza la Iglesia.

Prestando atención a las ostras y las perlas

Para entender mucho mejor la parábola en cuestión, será conveniente analizar los pormenores de una ostra y de la perla.

Las perlas son el producto de una reacción de enquistamiento de una partícula extraña dentro del cuerpo blando de los moluscos, especialmente en los bivalvos.

Las perlas naturales se forman cuando un cuerpo extraño penetra al interior del cuerpo del molusco, el cual reacciona cubriendo lentamente la partícula con una mezcla de cristales de carbonato de calcio (CaCO3) y una proteína llamada conchiolina, formando la sustancia conocida como nácar, que es la sustancia que forra la cavidad paleal del animal (las paredes interiores de las valvas).

Perlas de Haiti
“Una perla preciosa, de Haití”

Al cabo de un período variable la partícula termina cubierta por una o más capas de nácar, formando una perla. Las perlas preciosas son producidas en su inmensa mayoría por las ostras pertenecientes a la familia Pteriidae.

Haciendo uso de cierta constructiva imaginación, podríamos ver que la ostra en la que se produce la perla, la podríamos comparar con el mundo. Cuando ese cuerpo extraño entra en su interior, como hemos leído, se produce una reacción. Esto lo podríamos comparar con Cristo cuando vino al mundo.

Para el mundo, Cristo era un desconocido; “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn. 1: 11), así como para la ostra, esa partícula que ha entrado, es desconocida, extraña. Pero entonces, se produce lo inesperado. Así como esa partícula extraña es el principio y elemento insustituible para la formación de la perla. Cristo lo es para la formación de la Iglesia.

Al final, cuando la perla está del todo formada, esta es un elemento ajeno a la ostra, y no obstante, indirectamente, la ostra ayudó a la formación de esa perla, de la misma manera que indirectamente el mundo ayuda a la formación de la verdadera Iglesia, ¿De qué manera?¿Cómo?

De todos es sabido que a través de las pruebas, circunstancias y demás aflicciones que este mundo genera, los cristianos son formados en su carácter, fe, compromiso, y en definitiva amor y entrega al Señor, alrededor de Quien se agarran y no se sueltan, así como el nácar va cubriendo capa a capa la partícula extraña y ajena a la ostra.

Así pues, la perla es un símbolo perfecto de la Iglesia verdadera, entendiendo que esta es la formada por todos aquellos que son verdaderos miembros de la misma, así como las diferentes capas de excelente nácar constituyen a la postre la perla de gran precio.

La perla y la unidad de la Iglesia

La perla también constituye una unidad, es por ende símbolo de unidad de la Iglesia. En cuanto a esa unidad vemos algunas escrituras:

“Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” (1 Corintios 10: 17)

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12: 12, 13)

“solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación” (Efesios 4: 3, 4)

Así como la perla dentro de la ostra es ajena a esta, la Iglesia aun y dentro del mundo es ajena a éste, que ni le pertenece, ni él a ella. Y no obstante, la perla constituye lo valioso también desde una perspectiva espiritual:

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.” (Mateo 7: 6)

La perla de gran precio, la Iglesia, se aparta desde su corazón de las cosas de este mundo:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2: 15-17)

Por eso que, los que no son parte de esa perla de gran precio – la Iglesia – aun y pretendiéndolo ser, en el fondo de su corazón aman las cosas de este mundo, aunque no lo confiesen abiertamente.

Sólo aquel que es de veras de Cristo, no ama la oferta pecaminosa del mundo; no tiene comunión con él, así como la perla sólo tiene comunión con la partícula ajena a la ostra y consigo misma, que sería la Iglesia en comunión consigo y con Cristo.

Como crece la perla en el interior de la ostra, la Iglesia se desarrolla en el mundo

Vimos que la perla en la ostra, se forma a través de un crecimiento paulatino y progresivo y hasta accidentado, en el sentido de que todo ello no es parte del proceso vital inherente del bivalvo, sino un añadido - lo cual como vimos, encaja perfectamente con el proceso de crecimiento de la Iglesia, la cual es absolutamente ajena a este mundo, aunque esté en él.

De la misma manera, Cristo vino al mundo, y sigue añadiendo a sí mismo a todos aquellos que habiendo sido del mundo, como los componentes de la ostra lo son, va formando sucesivamente un ente santo, es decir, apartado del mundo, que es la Iglesia, así como la perla que se va formando dentro de la ostra, es en definitiva ajena a ella.

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” (Hechos 2: 46, 47)

Así como una perla de gran valor dentro de la ostra va formándose en su interior, Cristo está preparando y formando su Iglesia en este mundo a lo largo de los siglos, por haberse entregado a ella, de manera que un día se la presentará a sí mismo gloriosa:

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5: 25-27)

Ostra y Perla
“Ostra y perla”

Y así como la perla en la ostra va formándose a causa de los diferentes elementos químicos y proteínicos que ordenadamente actúan para producir ese hecho, el Espíritu Santo está obrando de la misma manera, produciendo ese crecimiento en calidad y número en la Iglesia.

En ese sentido escribe Scofield:

“El Reino no es la Iglesia; pero los verdaderos hijos del reino durante el cumplimiento de estos misterios, son bautizados por un mismo Espíritu en un cuerpo (1 Co. 12: 12, 13) e integran así la Iglesia verdadera, o sea la perla de gran precio”.

En aquel momento en que Jesús estaba diciendo estas cosas en Mateo 13, como ya apuntamos, la Iglesia todavía no existía, pero Él, proféticamente ya les habló a los que le escuchaban de ella, mostrándoles, y mostrándonos como ejemplo la perla de gran precio.

No obstante, en lo concerniente a la búsqueda y realización de la voluntad de Dios, el Reino está implícito en la Iglesia; el Reino está en la Perla de gran precio.//

Séptimo misterio. La red

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.” (Mateo 13: 47-50)

Red de arrastre
“Red de arrastre moderna”

Esta es la séptima y última parábola tocante al reino de los cielos que encontramos en Mateo 13. Siete son los ejemplos que el Señor dio a conocer referente a cómo es ese Reino, o qué implica el Reino.

Esta vez ya, el Reino plenamente manifestado, actuando directamente en este mundo, y por tanto, haciendo la diferencia definitiva, separando a los aceptos de los reprobados, y enviando a unos a un sitio, y a los otros al otro.

Esta parábola es gloriosa, porque pone de manifiesto la victoria final y absoluta de Dios en este mundo que agoniza por el mal, y el establecimiento de la verdad y la justicia en el mismo.

Por tanto, esta última parábola tiene un contexto plenamente escatológico: “… Así será al fin del siglo…”

Analicémoslo:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces...”:

El Señor compara el Reino con una red barredera (gr.), que significa una red de arrastre. Esa red es echada al mar, y va recogiendo todo tipo de peces hasta el fondo durante la jornada, la última jornada.

Así como los peces están en el mar; los hombres están en el mundo, por tanto, ese mar simboliza el mundo donde habita la humanidad, la que esté en este mundo al final de la Gran Tribulación.

Eso nos lleva a las mismas palabras del Señor en Mateo 25: 31-34, 41 “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda… Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo…Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.

Ese “todo tipo de peces”, no sólo nos habla de las diferentes razas humanas, culturas, sociedades, naciones, etc.; mas bien la parábola en cuestión nos habla acerca de la calidad de esos peces – si son comestibles o no - es decir, de la verdadera conversión o no de los hombres que atrapa la red.

En otras palabras, la parábola de la red (como parábola que es), muestra otro aspecto de los misterios del Reino de los Cielos – en este caso – la realidad de la fe cristiana, o todo lo contrario, al final de los días de esta dispensación.

El reino de los cielos será semejante a una red que al tirarse al mar de la humanidad que haya quedado después de la Gran Tribulación, recogerá toda clase de peces, buenos y malos.

Esto nos habla del poder inigualable y plenamente manifestado de parte de Dios, cuando, y solamente cuando, regrese el Señor Jesucristo.

Cuando la red se haya llenado, se sacará la red a la orilla, y se hará el recuento, y se realizará la criba. Toda esa humanidad que haya quedado sobre la tierra, será llevada, o bien a un lado, o bien al otro; o bien al Reino Milenial, o bien al horno de fuego.

“…y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes…”

La explicación es que los ángeles de Dios, al finalizar la Gran Tribulación, “apartarán a los malos de entre los justos”.

Esto no sólo tiene que ver con el Israel de después de la Gran Tribulación, sino con todos los seres humanos que hayan quedado después de todos los juicios apocalípticos y el Armagedón.

Este será el juicio a los ethnos; es decir, a las gentes.

En cuanto a ese Israel, va de la mano con la parábola de las diez vírgenes, cuando cinco entrarán a las bodas como invitadas, y las otras cinco, no, ya que no fueron conocidas por el Señor (Mt. 25: 1-13). También va de acorde con Mt. 24: 40, 41, donde se detalla el apartamiento de unos respecto de los otros, todos ellos judíos mayormente.

(Mateo 24: 40, 41) “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”.

Obviamente, y dicho de paso, esta porción, nada tiene que ver con el arrebatamiento de la Iglesia de 1 Ts. 4: 17.

Desmontando falsedades

Que los ángeles al final de este tiempo “apartarán a los malos de entre los justos”, nos da luz para entender la verdad de lo que ocurrirá, y para desmontar una falsedad que se está predicando en estos últimos decenios sobre todo, también.

Desmonta la espuria enseñanza proveniente del dominionismo (posmilenarismo), que enseña que la Iglesia establece el Reino en el mundo, y que al final la red atrapará a todos, o a la mayoría de los peces del mar (los hombres de este mundo) y todos estarán sujetos a las supuestas autoridades delegadas por Dios.

En este sentido, muchos han enseñado (y enseñan) que la red se convierte en el mar, queriendo decir con eso que el Reino de Dios quedará establecido en este planeta por mano de la Iglesia y de sus líderes muy escogidos. Eso es doctrina herética.

La idea de que el mundo entero se convertirá a Cristo, no está en la Biblia y quien la sostiene, sostiene violencia contra una sana exégesis.

El Reino representado por una red de pescador

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red …”

La red no simboliza un Reino que se va estableciendo paso a paso, sea por mano de los creyentes, o por obra directa de Dios en este mundo a lo largo de los siglos; sino que simboliza un Reino que será completo, y actuará en el medio natural, visible y tangible, directamente, y en un momento concreto: al final de estos días.

Ese Reino, representado aquí por esa red, será llevado a cabo por orden directa del Rey de reyes y Señor de señores, viniendo en gloria:

(Apocalipsis 19: 11-16)

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. 12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. 14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”.

El Señor se cerciora

“Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor”:

El tema es tan importante, que el Señor se cerciora de que sus discípulos lo habían entendido. Parece ser por la respuesta, que aquellos que escuchaban sí lo habían entendido a diferencia de muchos de los creyentes posteriores, que han dado, y siguen dando una interpretación fuera de la literalidad de la parábola en cuestión.

La importancia de recibir luz sobre la revelación

“El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”: 

Cuando el Señor escuchó que sus discípulos habían entendido el significado de las siete parábolas de los misterios del reino de los cielos, se alegró, y les subrayó la importancia de ser entendidos, aprovechándolo todo, siguiendo la pauta:

“Examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Ts. 5: 21)

Debemos ser como los escribas doctos en el reino de los cielos, es decir, hombres y mujeres de Dios que buscan y piden que el Espíritu Santo de más luz sobre la revelación (la Palabra escrita), que buscan el aprender siempre, así como el hombre sensato (padre de familia o dueño de su casa), sabe aprovechar bien las cosas, tanto las usadas como las nuevas; sabe sacar buen partido de todo.

Revelacion
“La Biblia es la Revelación de Dios, y nada se puede añadir a ella, ni quitar”

La importancia de entender acerca del Reino

“Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.”:

El Señor – hasta que terminó - tuvo la paciencia y perseverancia necesarias para acometer todo su discurso de parábolas de una vez, ante todos los que le escuchaban, sentado junto al mar, dejando entender la importancia de hacer la voluntad de Dios, muy por encima de cualquier otra consideración, por muy legítima que sea:

“Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana y madre” (Mateo 12: 50)

La voluntad de Dios es el Reino puesto en acción, tal y como hemos aprendido a lo largo de este estudio de las siete parábolas del misterio del reino de los cielos.//

SOLI DEO GLORIA

Dios les bendiga.


© Miguel Rosell Carrillo, Centro Rey, Madrid, España. Junio 2008/ revisado Diciembre 2017

www.centrorey.org

FIN

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información