¿HACIENDO GRANDE AL MALIGNO?

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“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4: 3, 4)

Estos dos versículos aislados, han sido determinantes a la hora de esgrimir un entendimiento teológico errado por parte de algunos, por otra parte, muy influyentes en el mundo neopentecostal/carismático.

¿HACIENDO GRANDE AL MALIGNO?

Enseñan que por causa de Satanás y de sus demonios, las personas están ciegas ante el Evangelio, y que por tanto, es imprescindible atar al diablo como paso previo y necesario, de manera que las personas puedan recibir el Evangelio y ser salvas.

¡Demasiado postín le dan al diablo!

C. Peter Wagner, uno de los principales propagadores de tantas herejías dominionistas en estos últimos años, y maestro de muchos otros, escribe lo siguiente en su libro “Confrontemos las potestades”, págs. 170 y 171:

“Sin embargo, este no fue el caso en Samaria. Felipe experimentó lo que los misiólogos mencionan como una «movilización masiva»; no de unos pocos, sino «multitudes unánimes» llegaban a Cristo. Pablo dice que cuando el evangelio no avanza como es de esperar, es porque «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos. » (2 Corintios 4:4). »Parece ser que en Samaria se lanzó a este cegador espiritual lo suficientemente lejos como para que «resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios (v. 4)”

¡Qué manera tan sutil de manipular la Escritura! ¿Así que el diablo impedía la luz de Cristo brillar en Samaria, hasta que fue expulsado? ¿De veras?

¿Realmente el bendito apóstol Pablo dijo lo que Wagner dijo que dijo? ¡Pues no lo dijo!

Pablo dijo otra cosa muy diferente en 2 Corintios 4: 4. Veámoslo analizando el versículo anterior también.

“¿Realmente alguien puede llegar a creer que el diablo es algún problema para Dios en materia de salvación de los hombres, o en cualquier otra cosa?” “Mr. C. Peter Wagner”
“¿Realmente alguien puede llegar a creer que el diablo es algún problema para Dios en materia de salvación de los hombres, o en cualquier otra cosa?” “Mr. C. Peter Wagner”

 

1. El Evangelio encubierto para los destinatarios de la condenación

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto”:

El Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, del cual Pablo no se avergonzaba, porque es poder para salvación a todo aquel que cree (Ro. 1: 16), está encubierto, y no efectúa su poder entre los que se pierden. Ahora bien, ¿Quiénes son los que se pierden? La respuesta está en el siguiente versículo.

(V. 4) “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”:

Los que se pierden son los incrédulos. Los incrédulos no lo son porque el diablo les haya cegado, o les haya privado de la fe. Son incrédulos porque:

A)   Jamás fueron conocidos por Dios (Ro. 8: 29)
B)   Consecuentemente, no buscan la verdad de Dios y jamás lo harán (Jn. 3: 18-20).

El diablo nada tiene que ver con este asunto directamente.

El diablo es como el buitre; se aprovecha de los desechos. El diablo simplemente toma ventaja de esas personas que no fueron, ni son, ni serán de Dios – porque son los incrédulos – y toma toda la ventaja que Dios le permite sobre ellos.

“El diablo y sus demonios sólo pueden acaparar aquello que Dios ha desechado”

“El diablo y sus demonios sólo pueden acaparar aquello que Dios ha desechado”

2. El problema es la incredulidad, no el diablo

Por lo tanto, el planteamiento es a la inversa:

No es que el diablo está impidiendo que las personas se entreguen a Cristo (aunque siempre lo intentará), es que esas personas aludidas por Pablo son suyas (son del diablo).

Son incrédulos, no simplemente impíos.

Hay impíos (como lo fuimos nosotros), que un día sí nos resplandeció la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, ¿Por qué?, pues porque nunca fuimos incrédulos, sino que fuimos predestinados para que fuésemos hechos conformes a la imagen de Cristo (Ro. 8: 29)

Dicho de otro modo. Un incrédulo es aquel impío que jamás dejará de serlo. Es incrédulo, no cree, ni creerá.

“El incrédulo de veras, es pasto del diablo. Aún el mismo diablo “dice” que él no existe. Ese es su mejor disfraz”

“El incrédulo de veras, es pasto del diablo. Aún el mismo diablo “dice” que él no existe. Ese es su mejor disfraz”

3. ¿Qué ocurre si admitimos lo que enseñan Wagner y todos los que están con él al respecto?

Si por el contrario, creemos que el “dios de este siglo”, es decir, el diablo, puede conseguir que las gentes no se entreguen a Cristo, y por ende, nosotros los cristianos tenemos que impedirlo y podemos llegar a hacerlo, aquí acontecen cuatro mentiras:

  1. A) El diablo es demasiado poderoso.
  2. B) Nosotros tenemos un trabajo que hacer no ajustado a la Palabra, y prácticamente imposible de lograr.
  3. C) Nosotros nos llevamos la gloria cada vez que “logramos” que un alma sea “libertada de la ceguera del diablo”.
  4. D) Dios es espectador pasivo de todo ello.

4. Concluyendo

El diablo no ciega el entendimiento de los impíos para perdición, sino el entendimiento de los incrédulos, para que sea evidente esa perdición.

¡El diablo no les ciega para ser incrédulos! Porque son incrédulos, el diablo les ciega.

El diablo sólo puede definitivamente cegar a aquél que se pone de acuerdo con él aunque sea de forma tácita - en contra de la verdad de Dios. Esta es la definición del incrédulo.

Dios está en control, no el diablo, ni nosotros.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo
Junio 2011
www.centrorey.org

FIN