EL SILENCIO DE LOS INOCENTES

    o

    La unidad a como de lugar 

    Índice del Tema

    Introducción

    “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis (2 Corintios 11: 3, 4)

    Según acabamos de leer, el Espíritu Santo, por mano del apóstol Pablo advirtió clarísimamente a los corintios, y por ende a todos los cristianos de todos los tiempos, acerca de algo a lo que hemos de ser especialmente intolerantes: el aceptar lo que se parece al Evangelio, como Evangelio, pero no lo es.

    Ese “otro Jesús”; ese “otro evangelio”; ese “otro espíritu” son una realidad en estos últimos tiempos en el contexto del seno eclesial, ¡Más de lo que muchos estarían dispuestos a aceptar!

    La lista que voy a dar seguidamente, se corresponde con las maneras contemporáneas, de ese “otro evangelio”. Aunque no es exhaustiva en modo alguno,concretiza bastante el mal que ataca a lo evangélico, y desde posiciones supuestamente evangélicas. Veamos:

    Falso ecumenismo; falsa y piramidal teocracia (G12; D12, etc.); falsa ministración del Espíritu Santo: Encuentros del G12 o D12, secretismo, pactos de silencio, regresiones, psicodramas, manipulación emocional, levitaciones, quema de pecados, hipnosis, caídas sin control, borrachera del espíritu, risa santa, santo revuelco, la unción de ruidos animalísticos, falsa ministración de liberación, etc.; falso liderazgo (nueva reforma apostólica; falso ministerio profético); dominionismo: (Latter Rain Movement, Reino Ahora; Joel´s Army, Manifest Son´s of God, estableciendo el Reino, etc.); reemplacismo; falso avivamiento, falsa reforma mundial; materialismo cristiano (Word of Faith Movement (fe en la fe), falso evangelio de la prosperidad, total sanidad, milagrería, doctrina de pactos, doctrina de los pequeños cristos, etc.); visualización, poder de la palabra (del creyente), posibilismo, confesión positiva, actitud mental positiva, pensamiento positivo, zoísmo, guía exclusiva por sueños y visiones, salidas del cuerpo (proyección astral); iglesia emergente (Emerging Church), posmodernismo, interfé, etc. etc. etc.

    Todo esto, y mucho, mucho más, combate contra la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, así como combate la moral, las costumbres, y la forma de entender la vida en cuanto al cristiano; se entiende el que es verdadero seguidor de Cristo.

    Hace poco, un pastor conocido mío de Puerto Rico, me escribió diciéndome algo en lo que estoy totalmente de acuerdo con él. Me comentaba que en aras de una supuesta unidad y paz, “muchos ministros prefieren callar y no enfrentar este asunto que está claramente demarcado por medio de la revelación bíblica” (1). El asunto al que concretamente se refería, era el fraude del falso apostolado moderno.

    En Londres compartiendo sobre el falso apostolado

    “Hace poco en Londres (Inglaterra), tuve la oportunidad de compartir sobre el falso apostolado moderno en la primera iglesia hispana de esa ciudad europea”

    Este pastor tenía toda la razón. Muchos cristianos, pastores y ministros en general, prefieren callar y callar, y seguir callando, antes de hacer lo que debieran: ¡Alzar la voz y denunciar todos los actuales atropellos mencionados arriba, amén de tantos otros!

    ¡Somos atalayas de Cristo!

    A los verdaderos cristianos, Dios nos ha puesto como atalayas, para de ese modo poder advertir a los demás acerca del peligro; en este caso, el de las doctrinas de error que se han forjado en el mismo Hades para combatir la fe del creyente.

    “Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte (Ezequiel 33: 6, 7)

    Pero actualmente parece que ese pasaje bíblico ha quedado relegado poco menos que al olvido por parte de una extensa mayoría. Prefieren seguir el espurio y facilongo “silencio de los inocentes”. Pero – digo - la Biblia enseña otra cosa:

    “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios…” (Judas 3, 4)

    Años atrás, desde cierto país europeo llegó un ministro a la confraternidad de pastores a la que yo asistía en mi ciudad. Ese día estando todos reunidos, ese varón empezó a disertar con gran vehemencia sobre el inminente gran avivamiento que según él iba a acontecer en España. El hombre estaba tan apasionado con su mensaje triunfalista que hasta se puso de rodillas y en voz en cuello, exclamaba: “¡Consiervos, créanlo, créanlo! ¡Va a ser parte del gran avivamiento mundial! ¡De España viene el avivamiento que sacudirá las naciones!”. Para no alargarme demasiado en este punto, les diré que todos, ¡todos! los pastores reunidos allí sucumbieron a las palabras y extremado porte de ese hombre, exclamando al unísono: “¡Amén! ¡Amén!”

    Muchos ministros reunidos allí, sin tener la convicción, la cual es parte de una fe auténtica y sincera, claudicaron ante una “fe forzada”; forzada por la insistencia a creer de parte de ese varón recién llegado.

    ¡No se atrevió nadie a cuestionar nada! No se atrevió nadie a preguntar a ese hombre que les estaba obligando a creerle, en qué se basaba para decir lo que decía. Fue más sencillo seguirle la corriente, para “no romper el espíritu” de la reunión. Fue más sencillo callar, según el fácil y pusilánime “silencio de los inocentes”.

    EL SILENCIO DE LOS INOCENTES

    1. El jesuita “amor verdadero”

    Por años se ha ido introduciendo en el seno eclesial una idea que no viene de Dios, pero que lo parece. Viene a decir que el amor es lo más importante, pero definitivamente y aunque no lo advierten, en detrimento de la verdad revelada. Le llaman a eso el “amor verdadero”, que según sus inspiradores (jesuitas), es lo que une a todos los llamados cristianos.

    Como dice la famosa canción de los Beatles, “Todo lo que necesitas es amor”. Esa idea de que por encima de todo está el amor, ha venido a ser el señuelo que muchos, pero muchos ministros del evangelio se han tragado, olvidando que en el contexto del amor está la verdad, y que es ineludible e inseparable un concepto del otro.

    Por tanto, es cierto que el verdadero amor es de Dios, porque Dios es amor (1 Jn. 4: 8), pero no es menos cierto que ese torcido y perverso concepto del amor aludido – el que se coloca por encima de la verdad revelada – es falso.

    Si Dios es amor, Dios es luz (verdad) (1 Jn. 1: 5). No se puede separar una cosa de la otra.

    La unidad contra la pureza doctrinal

    La realidad es que la pureza doctrinal, la verdad revelada en las Escrituras, todo ello, ha venido a ser algo secundario en aras de ese descontextualizado amor “para que todos sean uno, para que el mundo crea” (2), haciendo una mala interpretación de las palabras de Jesús de Mt. 17: 21.

    "Marcos Witt"

    “Marcos Witt participó en ese “Encuentro Fraterno” entre católicos y evangélicos, cuyo lema fue: “para que todos sean uno, para que el mundo crea”. Es imposible ser “uno” con lo católico, si se quiere ser cristiano”

    Muchos han llegado a creer este concepto, el del “amor verdadero”, y lo han hecho parte de su fe y de su proceder cotidiano. Con él, o por él, toda defensa proactiva de la fe, contrariamente a lo que nos ordena Judas 3, 4, prácticamente es ya inexistente. Ese extremado amor a la “unidad” a como de lugar, les prohíbe levantar la voz y eximir la justicia conforme a la verdad bíblica. La falsedad y el error están entonces servidos en bandeja de fina plata.

    2. El asunto de la unidad

    El diablo sabe como atacar por los flancos más débiles. Uno de ellos en cuanto a nosotros los cristianos, es en lo referente a la unidad. La realidad es que muchos han hecho de la unidad (o de su propio concepto de la misma), casi un ídolo y de seguro, una meta a conseguir a ultranza. Se ha hecho de esa presunta unidad el todo por el todo, sacrificando para ello valores, principios, y responsabilidades ineludibles.

    Ante un mundo repletito de impíos e incrédulos que dominan prácticamente todas las instancias de este Globo, muchos cristianos, mal comparándose con ellos, se ven así mismos como muy poca cosa, y entienden que de ese modo no vamos a ir muy lejos, ni se conseguirán ver cumplidas expectativas de triunfo en este tiempo y en este lugar.

    No obstante, al compararse con los impíos - como en su día aquellos antiguos israelitas se comparaban con las naciones paganas que les rodeaban, y buscaran rey para ellos como tenían aquellas naciones impías, porque se sentían inseguros y en inferioridad -   muchos cristianos hoy en día intuitivamente o no, anhelan  tener el poder y seguridad que ofrece el pertenecer a una gran mayoría, a un ente mayoritario, y entienden que ese beneficio sólo podría venir de una unión o unidad a la que no están dispuestos a renunciar, y que ven como la clave del éxito, y la manera de ver cumplidas sus expectativas, cuales sean. Algo así como que: “si estamos unidos, seremos muchos, seremos más, tendremos mayor fuerza…”

    ¡Muchos no han comprendido el hecho de que la Biblia nos enseña que debemos saber que “nosotros somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5: 19); es decir, que aunque cohabitemos en un mismo planeta, existe una total y radical diferencia entre los verdaderos hijos de Dios, y los hijos del diablo, y que esta realidad no la podemos revertir, y continuará así hasta la venida gloriosa del Rey de reyes!

    ¡Muchos no han comprendido todavía, que en el cristianismo, sin el Espíritu Santo presente, la unidadno da la fuerza; esa unidad nada vale!

    “La unidad como mero esfuerzo humano, nada vale ante la verdadera Unidad que es la del Espíritu Santo”

    “La unidad como mero esfuerzo humano, nada vale ante la verdadera Unidad que es la del Espíritu Santo”

    La unidad que de veras vale

    La única unidad que vale ante Dios, es la que realiza el Espíritu Santo (Ef. 4: 3), y solamente actúa en aquellos que verdaderamente son de Cristo por haber nacido de nuevo (Jn. 3: 3; Jn. 17: 20, 21). Esa unidad verdadera permanece en el contexto de la obediencia a Dios (Jn. 15: 10, 12; 1 Jn. 4: 24), y en ese contexto se nos urge a ser solícitos en guardarla (Ef. 4: 3). No se puede quitar ni añadir nada a esa bendita unidad.

    Para los hijos de Dios, la unidad es la que está basada en la verdad conforme a la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, esto es lo que en realidad nos une a los verdaderos cristianos. Es el mismo Espíritu Santo, y en él no hay cortapisas (Ef. 4: 3). Esto se resume con lo que la Palabra también nos enseña:

    “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo (1 Juan 2: 4-6)

    ¿Y como anduvo Cristo? En obediencia al Padre.

    No se puede sacrificar la verdad por la unidad

    Pero el asunto de la unidad a como de lugar se ha hecho tan vital, que creen es menester sacrificar de algún modo y en algún punto la pureza doctrinal en aras de esa supuesta, y a todas luces, imaginaria unidad. De hecho, para muchos la unidad está por encima de cualquier ulterior consideración, por lo tanto, en detrimento de la obediencia a Dios.

    En el primer álbum de música que Centro Rey está realizando, que canta nuestra hermana Esther, hay un cántico titulado “Sin la verdad no hay amor”, y me gustaría transcribirlo aquí, porque la letra de dicha canción habla por sí misma, y da a entender perfectamente lo que expongo en este ensayo. Dice así:

    “Vivimos en días de contradicción
    Hablamos de paz, unidad y amor,
    Palabras que han sido sacadas de su fiel interpretación

    Amor sin doctrina, no es amor
    Amor sin verdad, sólo es corrupción
    Y a cualquier precio buscar la unidad, no es unidad.
    Al escoger entre la unidad y la verdad,
    La unidad ha de ceder ante la verdad.

    Dejar la doctrina en pos del amor,
    No es doctrina ni es amor
    Y a cualquier precio buscar la unidad, no es unidad

    No hay esperanza sin la verdad
    Y sin verdad no hay amor
    Mejor divididos por la verdad que unidos en el error

     Al escoger entre la unidad y la verdad,
    La unidad ha de ceder ante la verdad

    Vivimos en días de gran confusión
    Hablamos de paz, unidad y amor,
    Palabras que han sido robadas del corazón.

    ¡Sin la verdad no hay amor!…”

    (Escuche la canción en: http://www.centrorey.org/ind_musica.html)

    ¿Cómo se puede tener la unidad del Espíritu cediendo a la falsa doctrina, y muchas veces, doctrinas estas de demonios? ¿No dice la Biblia que seamos todos de un mismo sentir – es decir – de una misma forma de pensar? (Fil. 2: 2; 3: 15, 16; 4: 2; 1 Pr. 3: 8)  ¿Cómo se ha podido llegar a ese punto de error y de pecado?

    3. Excusas variopintas

    (a) “Lo que nos une más que lo que nos separa”

    Muchos se escudan diciendo que “es más lo que une que lo que nos separa”; y no saben que esa frase es jesuita, y que ha sido el marketing usado por los agentes del Vaticano con sumo éxito hasta hoy. Es solamente una fórmula aplicada por los políticos, por la diplomacia; pero en el cristianismo no existe la diplomacia. Jesús no era diplomático. El siempre se comportó de manera radical en relación a los asuntos que estamos tratando. Jesús dijo clarísimamente: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mt. 12: 30).

    Un muy evidente ejemplo de esa excusa, lo ha dado como un campanazo el actual jefe del Vaticano; el que se autodenomina “Vicario de Cristo”. Esta es la noticia que todos sabemos:

    “Benedicto XVI es el primer papa en visitar la Cúpula de la Roca, uno de los lugares más sagrados del Islam. Benedicto XVI se convirtió el martes en el primer papa que entra en la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén. El papa fue recibido a la entrada de la mezquita por el Gran Mufti de Jerusalén, Mohammed Hussein. Como se usa por tradición en los lugares santos musulmanes, el papa se descalzó para entrar en el lugar de oración. Benedicto XVI debía pronunciar después un discurso en la Explanada de las Mezquitas, ante altos responsables religiosos musulmanes” (3) (énfasis nuestro)

    "Benedictus VXI rezando ante el muro de las lamentaciones"

    “Que terribles y siniestras expectativas de futuro deberá tener Ratzinger, alias Benedictus VXI, como para humillarse así ante los judíos y ante el mundo, al ir a “rezar” ante el muro de las lamentaciones”

    Evidentemente, Ratzinger no fue como turista a Tierra Santa, sino como “peregrino de paz”, en su tarea de “buscar la unidad”, siguiendo el pensamiento “busquemos lo que nos une y no lo que nos separa”. Desde luego, en este caso lo que les une no es Dios, sino sus mutuos intereses geopolíticos y geoestratégicos: El Nuevo Orden Mundial.

    Lamentablemente, esa misma forma de pensar, ese mismo sentir, lo encontramos también reflejado en el seno eclesial y en las vidas de muchos ministros, que por diversos motivos (algunos los estamos exponiendo aquí), prefieren llevar sus vidas de modo similar. Todo ello constituye un pésimo ejemplo y piedra de tropiezo para muchos.

    "Benedictus XVI descalzo en la mezquita de la Roca"

    “¿Que terribles y siniestras expectativas de futuro deberá tener Ratzinger, alias Benedictus XVI, como para rebajarse a descalzarse en un lugar tan clave para el Islam como la mezquita de la Roca, habitáculo construido sobre la antigua explanada donde estaba el templo de Salomón?”

    (b)¡No quiero ofender a nadie!

    En aras de ese presunto amor y de esa presunta unidad, hay quienes se excusan diciendo que por “no ofender a los hermanos”, prefieren callar. ¡Prefieren detener la verdad por no ofender! Pero fíjense hermanos que la Biblia declara que la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad (Ro. 1: 18).

    El detener la verdad injustamente, provoca la ira de Dios. ¿Se imaginan ustedes que Cristo hubiera hecho lo mismo? El Señor Jesús ofendió muchas veces (Jn. 6: 61; Mt. 15: 12) pero siempre con la verdad, en la verdad, y para la verdad; y todo ello jamás negó el amor, sino todo lo contrario, lo enalteció.

    No vale argumentar que por evitar una ofensa es mejor no decir la verdad. En el ejercicio de la verdad, siempre aparecerá la ofensa en escena. Es inevitable.

    "Benedicto XVI cantando una oda por la paz tomado de la mano por un rabino y un imán musulmán"

    “Benedicto XVI  cantando una oda por la paz tomado de la mano por un rabino y un imán musulmán… ¡Hasta que punto es capaz de llegar el representante visible de la gran ramera para conseguir sus propósitos de falsa paz y seguridad... “y cuando digan “paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparan!” (1 Ts. 5: 3)

    (c)¡Es que, no quiero confundir a los hermanos!

    Hace un tiempo, un antiguo amigo mío, miembro de una iglesia que posteriormente entró en el deleznable G12, en una conversación que tuvimos acerca de los falsos líderes, me dijo: Miguel, es mejor callar en cuanto a la cuestión de los falsos ministros, ya que si exponemos lo que son y lo que hacen, crearemos mucha confusión a los hermanos”. Yo le respondí diciendo:Mejor que en un principio se confundan, a que sigan creyendo sus mentiras y falsas doctrinas, con sus consecuencias”.

    Los que así piensan, como mi antiguo amigo, olvidan lo que la Biblia enseña al respecto, por palabra del apóstol Pablo:

    “¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están afuera Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (1 Corintios 5: 12c, 13)

    Es responsabilidad de la iglesia el juzgar a los de adentro. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará? Ese juicio no es para condenar a nadie, sino para exponer a la luz todo lo que de falso se esté enseñando, para que el pueblo de Dios se aperciba y se aparte del mal. La Biblia lo enseña:

    “A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman” (1 Timoteo 5: 21) (ver Gl. 2: 14, donde Pablo resiste a Pedro cara a cara)

    Pablo enseña de forma muy clara a Timoteo como debe comportarse, y qué debe hacer ministerialmente:

    “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…” (2 Timoteo 4: 1, 2)

    (d) “Otros lo harán, yo no se, ni puedo”

    Otra de las excusas es decir que… “Otros lo harán… yo no estoy capacitado”; y yo les digo, pues si no están capacitados, ¡capacítense! O dejen el púlpito, señores.

    Esta es la clásica excusa de los comodones, apáticos, y también de los asustadizos, temerosos y hasta cobardes… ¡otros harán lo que ellos debieran también hacer! ¡Lo desagradable, para los valientes! No obstante, la Biblia me enseña que los verdaderos creyentes son más que vencedores, y por tanto, no son cobardes; y lo que también me dice la Escritura es que “los cobardes…tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre” (Ap. 21: 8); entendiendo por ello, que ningún verdadero hijo de Dios es cobarde; y si lo es, ¿será ese creyente, verdadero creyente?

    Es muy fácil confundir la prudencia y la sabiduría con el temor y la cobardía. Es muy fácil estar confuso, y seguir confuso, cuando los motivos de vida no son rectos ante Dios; cuando uno busca lo suyo, y no lo que es de Cristo.

    En este sentido, y volviendo al asunto de la capacitación, muchos están “capacitados” para pedir y recoger jugosas ofrendas y dádivas desde los púlpitos, y dicen no estarlo para denunciar los abusos doctrinales y a quiénes públicamente los cometen. Han equivocado su profesión. Deberían dedicarse al comercio y dejar el púlpito.

    (e)¡ ♫♪ Yo quiero tener un millón de amigos! ♫♪

    Muchos son amigos de todos, dicenpara ganar a muchos” – plagiando y mal interpretando las palabras del bendito apóstol, que en realidad dijo: “…me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número” (1 Co. 9: 19), es decir, actuando en el mismo sentir de Cristo, anonadándose a sí mismo por amor (Fil. 2: 5ss).

    Pero estos, en realidad son interesados en sus propósitos, y sólo van buscando su conveniencia. No les mueve el amor, sino su propio interés, al querer se amigos de todos. Olvidan lo que Cristo mismo enseñó:Gloria de los hombres no recibo (Juan 5: 41). El mismo Señor Jesús, “ofendiendo” habló de esa clase de creyentes livianos y lisonjeros: “Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (Juan 12: 43)

    4. Concluyendo

    Podríamos enumerar más casos, más excusas…pero tampoco quiero cansarles, queridos lectores. Ahora bien, sólo de éstos mencionados el enemigo gana una inigualable ventaja.

    Todo, todo ello redunda en el “silencio de los inocentes”… ¿o quizás no tan inocentes?

    No le va a ser fácil, estimado consiervo, vivir según la regla de la verdad por encima de la conveniencia y del temor. Desde que este ministerio nuestro empezó a levantar la voz, sobre todo usando el recurso cibernético, el “silencio de los inocentes”se ha hecho mayor y mayor cada vez, pero esta vez contra nosotros. En nuestro entorno nos encontramos navegando a todo trapo, pero casi en solitario, pero eso sí, con el rumbo bien fijado conforme a la Estrella de la mañana.

    Y aunque aparentemente muchas veces nos sentimos solos, no lo estamos, porque nos hemos acercado “al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12: 22-24).

    Dios les bendiga y les inspire.

    © Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
    www.centrorey.org
    Mayo 2009

    Notas:
    1. Documento en archivo
    2. III Encuentro Fraterno Ecuménico en Buenos Aires (Argentina)
    3. http://www.univision.com/contentroot/wirefeeds/world/7949305.html

     

    Fin